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jueves, 17 de octubre de 2019

Valencia.

Valencia.
Albufera de Valencia sobre 1940.
Todocolección.


miércoles, 16 de octubre de 2019

Valencia.

Valencia.
Tipos nacionales de la Exposición Universal.
Interior en una Horchateria de Valencia en 1867.
M. Fuippo Liardo.
Delcampe.

martes, 15 de octubre de 2019

Falucho Galgo de 1856 en Rosas (Girona).

Crónica Negra de España 92:


El falucho de primera clase Galgo,perteneciente al apostadero de guardacostas de Barcelona y mandado por el alférez de navío D.Enrique Ponte y Trillo,salió de aquel puerto el 3 de Enero de 1856 con orden para cruzar por 15 días sobre Rosas y cabo Creus.

El resultado fue de dos fallecidos y mas de 40 heridos,dos de ellos muy graves.



Aunque las instrucciones,al indicar la fecha de salida,dejaban al comandante la posibilidad de suspenderla en caso de mal tiempo,y aunque malo era,en efecto en tal momento,aquel pudoroso oficial creyó que podría interpretarse mal su detención,siendo el viento reinante del SO. favorable para su derrota,haciéndose a la mar,en consecuencia,con poca vela y todas las precauciones del caso.
La noche fue oscura y tempestuosa,en términos de no distinguirse la costa,que seguían a corta distancia:descargaban con frecuencia fuertes chubascos de viento y agua,que desorientaron al práctico,y bajo la presión de uno de ellos el buque embarrancó sin que fuera posible distinguir en dónde.
Aferradas las velas,ninguna otra disposición había que tomar,si se exceptúa la de asegurarse cada cual a los cabos,porque la mar rompía contra el falucho,arrebatando los objetos de la cubierta.
Así pasaron la noche,esperando por instantes ver desaparecer bajo los pies el buque,tumbado ya sobre una banda,y deseando con ansia la aparición del día,que vino para mostrarles una playa desierta,de acceso difícil por la resaca.
Perdida la esperanza de auxilio exterior y reconocido el sitio,que era entre los ríos Muga y Fluvia,el comandante pregunto si había alguno que voluntariamente quisiera ganar a nado la playa para intentar la tensión de un cabo o andarivel que sirviera para la salvación de todos.
Cuatro marineros se arrojaron al agua con tan noble objeto,pero ninguno pudo conservar el cabo en la lucha sostenida con la resaca: a duras penas consiguieron sólo alcanzar la playa,dirigiéndose al pueblo inmediato en demanda de auxilio.


En tanto el Galgo daba señales de deshacerse por instantes,con los crujidos de sus miembros y los choques repetidos de la mar.
Ponte no creyó prudente esperar el regreso de los que tomaron tierra; calculó que podrían no encontrar el auxilio que buscaban y tal vez esperaba para los demás el buen éxito alcanzado por los primeros nadadores; animó,pues,a los que con el estaban y ordenó el abandono del buque,que todos hicieron a excepción de cuatro,que por no saber sostenerse en el agua,quedaron amarrados al palo.
El desgraciado comandante calculó mal sus fuerzas,que lo abandonaron,pereciendo en la resaca con un muchacho de corta edad que servia en el falucho.
Los demás ganaron la tierra aunque malheridos y magullados algunos,y llegando por la tarde el ayudante de marina del distrito,el alcalde y cura del pueblo con algunos matriculados y carabineros,se salvaron los cuatro individuos que habían quedado a bordo,y se atendió a las necesidades de los náufragos,desnudos y extenuados.
El vapor Lepanto los recogió después en Rosas,en numero de 48,dejando en el hospital,en estado grave,al practicante y un marinero.
El Almirantazgo,con vista de la sumaria formada sobre el siniestro juzgó que la perdida del Galgo debía conceptuarse irremediable; pero que su salida del puerto de Barcelona fue inoportuna,no pronunciando cargo contra el comandante,porque la pérdida de su vida lo hacia desgraciadamente innecesario.



lunes, 14 de octubre de 2019

Bilbao (Vizcaya).

Bilbao (Vizcaya).
Basílica de Nuestra Señora de Begoña en 1842
Genaro Pérez de Villaamil.
Ana Vega.
Bilbao (Vizcaya).
Basílica de Nuestra Señora de Begoña.
Calle Virgen de Begoña.

La basílica de Nuestra Señora de Begoña es el santuario de la Madre de Dios de Begoña, patrona del señorío de Vizcaya.
Edificio primitivo:
Gracias a un inventario realizado en 1503 se conoce que el templo primitivo consistía de una única nave techada en madera, con una capilla de piedra que contenía la virgen y un coro, así como una calostra o pórtico de madera. Nada sabemos sobre las dimensiones del edificio, pero probablemente sus trazas coincidan con las de la nave central de la presente basílica. Lo presidía un retablo de estilo flamenco, de gran tamaño, ya que contenía 14 tablas con imágenes de la vida de María. Posiblemente tuviera una configuración similar al retablo de la colegiata de Cenarruza, pero a mayor escala.
Edificio actual:
Las obras de construcción del presente santuario comenzaron en la primera década del siglo XVI, bajo traza de Sancho Martínez de Asego, la torre será diseñada por Martín de Garita. Consta de una amplia nave central con ábside poligonal y dos naves laterales levemente más bajas cubiertas con bóveda de crucería dentro del siglo XVII, sobre diez robustos pilares cilíndricos. A lo largo del siglo que duraron las obras, varió algo el rumbo unitario del estilo gótico, ya que, a mediados del siglo XVI, la portada principal se formula como un magnífico arco de triunfo manierista, que recuerda mucho a las obras castellanas de Rodrigo Gil de Hontañón. Lo demás guarda el estilo unitario gótico referido, aunque el Coro deja ver el talante clasicista de su tracista. Las obras se costearon gracias a las limosnas de los fieles, en su mayor parte vecinos de la Villa de Bilbao (en aquel tiempo independiente de la anteiglesia de Begoña). Testimonio de esto son los escudetes que coronan los pilares de la nave central, que contienen no las armas de familias nobiliarias, sino los emblemas de mercaderes y gremios de la Villa. La imagen de la Virgen no se pudo trasladar a su nueva iglesia hasta diciembre de 1603, cuando fue instala en un modesto altar. El historiador y artista Francisco Mendieta, pinta, en 1607, una escena de boda en el interior de la recién consagrada iglesia. En 1640 se contrata al arquitecto y escultor Pedro de la Torre la realización de un retablo que sustituyera a aquel, tan humilde, que pinta Mendieta. La ejecución de este retablo se deberá finalmente a Antonio de Alloytiz, escultor forutarra.
Begoña fue golpeada por la guerra el 5 de agosto de 1808, cuando las tropas napoleónicas, comandadas por el general Merlin, saquearon la Villa y el santuario, asesinando al párroco del mismo. Durante las últimas fases de la guerra, Begoña cobra una gran relevancia estratégica debido a su posición de dominio sobre la Villa. Este hecho provocará grandes destrozos en el edificio. Debido a esta ventaja estratégica, Begoña será elegida por Zumalacárregui para instalar una batería artillera durante el sitio de Bilbao, lo cual la convirtió en objetivo preferente de las tropas sitiadas en la iglesia. Pese a haberse mantenido casi indemne hasta la retirada de los carlistas, en 1835 las tropas liberales, para evitar su uso por el enemigo, procedieron a minar el campanario, desplomándose este sobre parte de las bóvedas, destruyéndolas. Una año después las tropas carlistas volvieron a intentar conquistar Bilbao, pero en esta ocasión fueron las tropas liberales las que ocuparon Begoña, transformándolo en fortín. La soldadesca quemó como combustible todo lo que quedaba en la iglesia, altares, retablos, armarios… incluso el entarimado del templo fue consumido por sus hogueras. La imagen de la virgen fue salvada gracias a que sus devotos tuvieron la precaución de trasladarla a la Iglesia de Santiago (hoy Catedral) de la Villa. El inventario ordenado por el gobierno en 1838 indica, aludiendo al estado de ruina del templo, que “ni aun tiene lo absolutamente preciso”.

Reconstrucción:
Las obras de reparación del templo fueron costeadas por el ayuntamiento de la anteiglesia, ya que el cabildo de Begoña se encontraba en bancarrota tras la guerra, y el 1 de agosto de 1841 la imagen fue devuelta a su santuario. Las obras de la nueva torre acabaron en 1850, aunque en 1862 un rayo derribaría su parte superior, tras lo cual se instaló el primer pararrayos de su historia. De esta época data el presente retablo, obra neobarroca de Modesto Echániz, en 1869.

Segunda guerra carlista:
En 1873 la guerra vuelve a Begoña, transformando de nuevo el santuario en fortaleza, primero por los carlistas, que, al ser expulsados se llevarán consigo la imagen. Tras la ocupación de la basílica por los liberales esta sufre un bombardeo continuo y varios intentos de incendio, de nuevo, desplomándose la torre sobre la bóveda de la nave.

Segunda reconstrucción e Intervenciones contemporáneas:
De nuevo, en 1876 se inician las obras de restauración, que culminaron con la finalización, por tercera vez, de la torre, en 1881. La nueva torre tendrá corta vida ya que en 1900, tras la coronación canónica de la imagen de la Virgen, comenzó la demolición de la misma. El 27 de marzo de 1908 Roma otorgó al templo el rango de basílica menor. En 1928 la iglesia fue consagrada de nuevo, luciendo ya la nueva torre, obra del arquitecto José María Basterra. Durante los años posteriores a la reforma litúrgica, se procedió a la eliminación del gran templete-expositor que se encontraba a los pies de virgen, así como de las estatuas de los apóstoles que jalonaban los pilares de la nave. En 1993 se acometen obras de limpieza de la piedra y reparación del reloj y carrillón de la torre.
Información extraída de este enlace:
 https://es.wikipedia.org/wiki/Bas%C3%ADlica_de_Nuestra_Se%C3%B1ora_de_Bego%C3%B1a

viernes, 11 de octubre de 2019

Barcelona.

.Barcelona.
Ermita de Santa Creu de L´Orda en 1957.
Todocolección.
Barcelona.
Ermita de Santa Creu de L´Orda.
Sierra de Collserola.



jueves, 10 de octubre de 2019

Guadalupe (Cáceres).

Guadalupe (Cáceres).

Antiguo grabado de Nuestra Señora de Guadalupe en 1885.
Todocolección.
Guadalupe (Cáceres).
Nuestra Señora de Guadalupe.
Patrona de Extremadura desde 1907.
Foto: Leonor Celdran Fernández.

La Leyenda de la Virgen de Guadalupe (Extremadura)

La leyenda de la Virgen de Guadalupe se remonta hasta el siglo I del cristianismo, cuentan que la autoría de la talla correspondería a San Lucas y que muerto el evangelista en Beocia (actual Grecia), la imagen sería enterrada con él y seguiría su misma suerte.

A mediados del siglo IV tanto el cuerpo del evangelista como la imagen fueron trasladados a Bizancio (Constantinopla), desde allí la imagen fue llevada hacia Roma en el año 582. Por aquellos entonces se desató en la ciudad una terrible peste que acabó con la vida de muchas personas y entre ellas la del papa Pelagio II. Siendo elegido posteriormente papa San Gregorio Magno mandó hacer letanías y procesionar la imagen que tenía en el oratorio personal que no era otra que Nuestra Señora de Guadalupe. Estando en procesión se oyó un canto celestial similar al de unos ángeles que entonaban al aire loas a la Santa Virgen diciendo

“Alégrate, Reina del Cielo, alégrate. Aquí el que tú mereciste concebir y parir ya es resucitado según lo dijo”.

Justo después apareció sobre el conocido actualmente como Castillo de Sant'Angelo, un ángel limpiando la sangre de una espada. Después de todo esto la pestilencia cesó en la ciudad y San Gregorio se convirtió en un fiel devoto de la imagen.

Unos años más tarde, San Gregorio envió varias reliquias al arzobispo de Sevilla, San Leandro en agradecimiento por haberse ocupado de destruir la herejía de Los Arrianos. Entre esas reliquias se encontraba la imagen de la Virgen de Guadalupe. Yendo la imagen en un navío desde Roma hasta Sevilla se desató una terrible tempestad que puso en peligro al barco y a sus ocupantes, entonces uno de los clérigos, movido por la fe y la devoción sacó la imagen de la Virgen a cubierta y le suplicó con tanta humildad y devoción que cesase la tempestad que la tormenta amainó automáticamente. Conociendo San Leandro el presente enviado por el Papa salió al puerto a recibir a la imagen y con gran veneración fue trasladada a sus aposentos. Siendo posteriormente entronizada en la principal iglesia de Sevilla y venerada con gran fervor por todo el pueblo.

Pero la invasión árabe, en el año 711, hizo que algunos clérigos sevillanos tuvieran que huir de la ciudad hacia el norte peninsular llevándose consigo las reliquias que pudieron transportar, entre las que se encontraba la susodicha imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Adentrados en tierras extremeñas y para evitar su profanación enterraron tales reliquias en una zona montañosa cercana a un río conocido como Guadalupe.

Ya en pleno siglo XIV y casi finalizada la reconquista cristiana cuando reinaba en Castilla Alfonso XI andaba el vaquero cacereño Gil Cordero en compañía de otros pastores guardando su ganado en una dehesa llamada Guadalupe, cerca del río del mismo nombre. En un momento dado Gil Cordero se da cuenta que había perdido una vaca y salió inmediatamente a buscarla, al rato descubrió el cadáver del animal junto a la ribera del río Guadalupe, desconsolado decidió aprovechar su piel y al sacar la navaja para despellejar al animal volvió a la vida ante la mirada atónita del vaquero. En ese momento la figura de una mujer envuelta en luz que se identificó como la Virgen hizo acto de presencia exclamando:

"No temas. Yo soy la Madre de Dios, Salvador del li­naje humano. Toma tu vaca y llévala al hato con las otras y vete luego para tu tierra. Dirás a los clérigos lo que has visto. Di­les también de mi parte que te envío yo allá. Que ven­gan a este lugar donde ahora estás. Que caven donde es­taba la vaca muerta, debajo de estas piedras: hallarán una imagen mía. Cuando la sacaren, diles que no la mu­den ni lleven de este lugar donde ahora está, mas que hagan una casilla en que la pongan. Tiempo vendrá que en este lugar se haga una iglesia y casa muy notable y pueblo asaz grande".

Obedeciendo los designios divinos, Gil Cordero marchó a Cáceres y dio cuenta de lo sucedido tanto a las autoridades civiles como religiosas, pero nadie le creyó.

Llegó a casa turbado por todo lo que le había ocurrido y se encontró a su mujer en compañía de algunos clérigos y vecinos llorando desconsolada, su hijo había fallecido y estaba de cuerpo presente. Mirando el vaquero fijamente a su primogénito yaciente recordó como la Virgen había resucitado a la vaca y sin pensarlo demasiado hincó la rodilla en el suelo encomendándose a Nuestra Señora y con mucha devoción suplicó:

“Señora, Tú sabes la embajada que de tu parte trai­go y creo muy cierto ser esto por Ti ordenado, que yo ha­llase este mi hijo muerto, porque Tú mostrándote mara­villosa en me lo resucitar, sea más ligeramente creído de aquéllos a que soy aquí por Tu mandado venir. Pues que así es, Señora, suplícote que lo quieras resucitar y de aquí te lo ofrezco por Tu perpetuo servidor y de lo llevar a aquel lugar santo, donde Tú tuviste por bien de me aparecer".

Ante la mirada atónita de todos los presentes, el joven se levantó, como quien despierta de un sueño, todos quedaron maravillados de tan grandioso mila­gro, díjoles entonces el vaquero a los presentes:

"Señores, amigos, sabed que para dar fe al mensaje que yo os traigo, bien era menester que Nuestra Señora tuviese por bien de obrar esta tan gran maravilla, ya que por nuestros pecados muchas veces dudamos en aque­llas cosas que no vemos corporalmente".

Y dicho esto, les contó lo que le había sucedido junto al río Guadalupe. Aquel prodigio fue tan sonado que llegó a oídos de todos aquellos que no le creyeron en su anterior pregón. Y tanto sacerdotes como vecinos del Cáceres le acompañaron al lugar donde se le apareció Nuestra Señora. Cavaron donde Gil Cordero se encontró el animal muerto, y tal y como se predijo, no demasiado profundo, encontraron un pequeño sepulcro de mármol con una figura de la Virgen, acompañada otras reliquias y de unos documentos que contaban su historia de la imagen desde su creación a cargo de San Lucas hasta su posterior entierro por clérigos sevillanos en este lugar. Sacaron la imagen de la Virgen junto a las demás reliquias e hicieron una humilde choza de piedra y en su interior juntando algunas piedras crearon una especie de altar poniendo sobre él la imagen de la Virgen y quedando Gil Cordero y su familia como guardadores de la ermita.

Posteriormente, la historia fue conocida por el rey Alfonso XI que visitó la humilde ermita y mandó ampliarla para que se trasformara en un templo digno de la devoción de la Virgen de Guadalupe, A partir de ese momento se fue formando alrededor del santuario una puebla que fue reconocida por el mismo Alfonso XI como lugar de realengo. En 1389 el monasterio fue confiado a la Orden de los Jerónimos, siendo actualmente regentado por los Franciscanos.

A finales del siglo XV, la popularidad de Nuestra Señora de Guadalupe creció gracias a la especial veneración sentida por Cristóbal Colón, que llevaba consigo siempre una replica en sus viajes al nuevo continente. Cuenta la leyenda incluso que los días previos a su primera expedición americana Colon oró en el interior de la ermita de Guadalupe. Su devoción debió ser tal que al descubrir la Isla Karukera, en 1493 le cambió el nombre por el de Guadalupe.

Bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe se conquistó el Nuevo Mundo. Existen además varias advocaciones marianas bajo el título de Virgen de Guadalupe en México, Bolivia, Uruguay, Perú, El Salvador, Filipinas y España.
Información extraída de este enlace: