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domingo, 15 de noviembre de 2020

El naufragio del Santa Isabel 1921.

Crónica Negra de España 117:

La madrugada del 2 de enero de 1921 el vapor Santa Isabel se hundía al suroeste de la isla de Sálvora, dejando como consecuencia del naufragio la pérdida de 213 de las 269 personas que viajaban a bordo, en la que es una de las mayores tragedias marítimas civiles en la historia de las costas de Galicia.

El naufragio del Santa Isabel 1921.
Vapor Santa Isabel nas rías galegas 1920.

El Santa Isabel era un buque correo perteneciente a la Compañía Transatlántica Española, y aunque fue construido para cubrir la línea entre los puertos peninsulares de Bilbao y Cádiz, las islas Canarias y la isla de Fernando Poo en la Guinea Española (hoy en día Guinea Ecuatorial), el auge de la emigración española hacia Argentina (dos millones y medio de personas entre 1857 y 1935) cambió los planes de la compañía, destinándolo al cabotaje entre los puertos de Pasaia, Bilbao, Santander, A Coruña, Vilagarcía y finalmente Cádiz, en donde los pasajeros y la carga se trasbordaban a los trasatlánticos Infanta Isabel de Borbón y Reina Victoria Eugenia que cruzaban el Atlántico con destino al país austral.

El naufragio del Santa Isabel 1921.

Construido en los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval en Matagorda (Cádiz), el Santa Isabel fue entregado a la Compañía Transatlántica Española en octubre de 1916, dos años y medio después del hundimiento del Titanic. Este hecho influyó en su diseño y construcción, incluyendo ocho botes salvavidas con capacidad para un total de 390 personas y más de 400 chalecos salvavidas para los 460 pasajeros y 84 tripulantes que como máximo podían viajar a bordo.

El naufragio del Santa Isabel 1921.
Periódico ABC.

Con una eslora de 89 metros y una manga de 12, el barco desplazaba casi 2.500 toneladas. Sus calderas alimentaban dos potentes turbinas que hacían girar dos hélices de cuatro palas cada una, siendo capaz de alcanzar los 12,5 nudos de velocidad máxima. El Santa Isabel estaba equipado también con velas para aprovechar los vientos y ahorrar carbón en sus travesías.

El 20 de diciembre de 1920 el buque partió de Cádiz destino a Pasajes en su ruta habitual. Once días después el Santa Isabel llegó al puerto gallego de A Coruña en medio de la celebración del año nuevo, en donde cargó pasajeros y carga antes de partir de nuevo a la una de la tarde con destino a Vilagarcía de Arousa, con 84 tripulantes y 185 pasajeros a bordo, con el tiempo algo revuelto y ligeros chubascos.

El naufragio del Santa Isabel 1921.
Periódico La Voz de Galicia.

Los chubascos se conviertieron en tormenta y fuertes vientos al pasar el cabo Fisterra, y cerca de las doce y media de la noche, ante la imposibilidad de orientarse mediante los faros de Corrubedo y la isla de Ons, que delimitan la entrada a la ría de Arousa por el norte y el sur respectivamente, el capitán García Muñiz decidió reducir la velocidad del Santa Isabel y tomar todas las precauciones posibles.

Era ya la una y media del día dos de enero cuando el Santa Isabel embistió con los bajos de Meixides, a escasos 200 metros al suroeste de la isla de Sálvora, justo en la entrada de la ría de Arousa. Las rocas abrieron varias brechas en el casco del buque y el agua comenzó a entrar en su interior.

El naufragio del Santa Isabel 1921.

Aunque el Santa Isabel estaba equipado con radioteléfono, el único mensaje emitido desde el buque antes de cortarse la electricidad a bordo al inundarse la cámara de máquinas fue un “Estamos encima de las rocas de Sál…”. Aunque el mensaje fue recibido por la estación radiográfica de Fisterra y el buque francés Flandre, no fueron capaces de ayudarlos al desconocer la posición del Santa Isabel.

En aquella época la isla de Sálvora estaba ocupada por 54 colonos que trabajaban sus tierras, más el farero. Fue este, alertado por los ladridos de su perro, asustado por los gritos de los viajeros del Santa Isabel, el primero en darse cuenta de lo que sucedía. Corriendo se acercó hasta las casas de la aldea para avisar a los vecinos de la isla. Pero más de la mitad de los mismos se hallaba en tierra firme en los pueblos vecinos de Aguiño y Carreira, celebrando el año nuevo.

El naufragio del Santa Isabel 1921.

De Salvora partieron tres dornas, pequeñas embarcaciones de pesca típicas de las Rías Baixas, una hacia Ribeira para dar aviso y las otras dos al rescate de los pasajeros del Santa Isabel. Tres mujeres se convirtieron en las heroínas de esta historia. Las jóvenes María Fernández Oujo, Josefa Parada y Cipriana Oujo Maneiro, de 14, 16 y 24 años respectivamente, rescataron en varios viajes a entre a 15 y 20 personas. Su acción les valió el reconocimiento como las “Heroínas de Sálvora”, además de serles otorgada la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado y la medalla de Salvamento Marítimo.

El oleaje arrastró hacia los acantilados de Sálvora a los dos primeros botes salvavidas que se habían lanzado al agua, estrellándolos contra las rocas y acabando con la vida de los que iban a bordo. Por ello, Luís Cebreiro, el segundo oficial del Santa Isabel retuvo a varios botes salvavidas hasta que amaneció con el fin de evitar las rocas a la luz del día. Apodado “el toneladas” por su excesivo peso, Cebreiro se negó a subir a los botes y nadó dos horas agarrado a uno de ellos hasta alcanzar la costa.

El naufragio del Santa Isabel 1921.

A las ocho y media de la mañana el buque se partió en dos, arrojando al mar a muchos de los que todavía se mantenían a bordo. El Cabo Menor fue el primer buque que llegó a la zona del naufragio, aunque lo hizo horas después del suceso y lo único que encontró fueron cadáveres, maletas y otros bultos de equipaje alrededor de parte de la chimenea y el palo de proa del Santa Isabel, que era lo único que quedaba a la vista del buque.

En total, 213 personas perdieron la vida en el naufragio, salvándose otras 56 (27 tripulantes y 29 pasajeros) entre los que se encontraba el capitán Esteban García Muñiz y el maquinista Juan Antonio Pérez Cano. El número de víctimas fue tan alto que el concello de Ribeira se vió obligado a reabrir un antiguo cementerio para enterrarlos, en lo que fue una de las mayores tragedias de la navegación civil en Galicia.






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