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jueves, 7 de julio de 2022

Algeciras (Cádiz).

Algeciras (Cádiz).
Acueducto de Algeciras en 1826.
Litografía del artista francés Louis Auguste de Sainson. 
Algeciras (Cádiz).
Acueducto de Algeciras.

El Acueducto de Algeciras, también llamado Los Arcos es obra del arquitecto Pablo Casaus y el maestro fontanero Florindo, fue realizada en el siglo XVIII (1783) para abastecer de agua a la ciudad.

Es una de las construcciones civiles más importantes de las que se realizaron en Algeciras durante sus primeros dos siglos de existencia. Numerosos libros de texto, diccionarios y guías de viaje nombran esta construcción en su entrada sobre Algeciras como acueducto romano o árabe aunque fue construido en el siglo XVIII. Es una serie de arcos de medio que dada su gran altura, descansan sobre pilares de base cuadrada.



viernes, 8 de marzo de 2019

Cádiz.

Cádiz.
SISTO Y BÁCARO, Tomás J. de
(1778-1826)
Plano de Cádiz, acompañado en origen de una hoja explicativa de la clave alfa numérica sobreimpresa.
Ministerio de Defensa. 
Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército.

Representación en planta de la ciudad de Cádiz con indicación de sus fortificaciones y de los ángulos de tiro de la artillería empleada durante el asedio napoleónico. Señaladas a mano y en tinta roja aparecen las distancias de la torre vigía a los fuertes de los alrededores. El n.º 16 indica la ubicación de la iglesia oratorio de San Felipe Neri, donde las Cortes Españolas celebraron sus sesiones entre febrero de 1811 y septiembre de 1813, y donde fue promulgada la primera Constitución española derivada de la soberanía popular.
En aquellos días, tal como reza la nota de la hoja anexa,«se cuentan dentro del recinto de la ciudad de Cádiz, cuyo perímetro es de 7.500 varas: 3.740 casas; 208 calles; 30 plazas; 28 iglesias; y 33 edificios públicos, con una población que, aunque en la actualidad pasa de 100.000 habitantes,
ordinariamente es de 70 a 75.000».

sábado, 16 de febrero de 2019

Madrid.

Madrid.
Johann RUGENDAS II
Jura de la Constitución de 1812 por la guarnición de Madrid.
Grabado coloreado.En torno a 1826.
Ayuntamiento de Madrid. Museo de Historia.


El grabador, perteneciente a una familia que alcanzó gran reconocimiento en el arte del grabado en la Europa de la primera mitad del siglo XIX, recrea de forma imaginaria el acto del juramento de la Constitución de 1812 por la guarnición militar de Madrid el 9 de marzo de 1820. Según dice el texto que figura en alemán y francés al pie de la imagen, el rey contempla la escena desde el balcón del palacio real.Ocupan el centro los militares, dispuestos en perfecta formación bajo las órdenes del general Francisco Ballesteros. En primer plano aparecen dos grupos de civiles que aparentan distinta actitud. Unos individuos, tocados con el gorro frigio,utilizado como distintivo por los partidarios de la revolución,increpan a otros que parecen poco entusiastas ante este acto,como el fraile de la derecha que da la espalda. El artista quiso reflejar el ambiente que se vivió en la capital de España tras el anuncio por parte del rey, el 7 de marzo de ese año, de su disposición a jurar la Constitución.


miércoles, 13 de febrero de 2019

Valencia.

Valencia.
Auto de Fe en Valencia (Julio 1826).
Museo del Romanticismo Madrid.


Esta estampa procedente de un taller francés, muestra la ejecución de la última víctima de la Inquisición, el mestre de Russafa, Cayetano Ripoll, inofensivo maestro de escuela que alardeaba de deísta, el 31 de julio de 1826. La escena,poco realista, muestra al sentenciado con el “sambenito”,flanqueado por una cohorte de frailes y civiles que se prestan a contemplar el espectáculo de su incineración figurada en un cubo pintado con las llamas, después de ahorcarlo.
Aunque exceda del ámbito temporal de esta exposición,la escena refleja la perduración de una institución secular,el Santo Oficio de la Inquisición, que aunque abolida en la Cortes de Cádiz, restaurada en 1820 y abolida de forma definitiva por decreto de 9 de marzo de 1820, renació bajo la forma de Juntas de Fe. Fue la de Valencia, inspirada por al canónigo José María Despujol, gobernador eclesiástico hasta el nombramiento del nuevo arzobispo de la diócesis Simón López, bajo cuya paternal protección pudo trabajar
varios años. La indignación de la prensa y de los gobiernos extranjeros ante la muerte de Ripoll alertó a Fernando VII, quien censuró a la Audiencia de Valencia por haber confirmado la sentencia de la Junta de Fe, pues ésta no era tribunal autorizado por orden alguna del rey y carecía de las más mínimas facultades.

martes, 1 de marzo de 2016

Temporal de 1826 en Tenerife.

Cronica negra de España 7 :
Temporal de 1826 en Tenerife.

Tenerife sufrió la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826, la catástrofe natural más importante de la que se tenga constancia en la historia del archipiélago, un aluvión que incomprensiblemente parece haber quedado en el olvido a pesar de haber marcado un antes y un después en la vida de los canarios, tal y como aseguraron los testigos directos de aquel triste acontecimiento. La tempestad que asoló la isla alcanzó tal furia que provocó centenares de muertos, destruyó cultivos, haciendas e infraestructuras y llegó a modificar el paisaje.


Temporal de 1826 en Tenerife.
Grabado de la época.

Según este estudio, las rachas de viento alcanzadas por dicha tormenta debieron ser superiores a las de Delta. Además, las precipitaciones que pudieron haber registrado en las horas de máxima intensidad, fueron muy superiores a las recogidas en los eventos meteorológicos extremos de los últimos años. Por ello, los autores aventuran la posibilidad de que en algunas áreas se recogiesen cantidades superiores a 500 milímetros de precipitación y que, en amplios sectores de las islas, se superasen ampliamente los 100 milímetros en 24 horas.

Temporal de 1826 en Tenerife.

Resultaría imposible imaginar con exactitud el escenario que dejo tras de sí aquel terrible temporal sin leer con atención las crónicas de los ilustres testigos que detallaron no sólo las consecuencias directas, sino que aportaron al mismo tiempo escalofriantes relatos en primera persona donde expusieron sus más profundos sentimientos de impotencia y desconsuelo ante las crueles imágenes que pudieron contemplar.
Tan terrible escenario fue consecuencia de las descomunales avenidas de agua de los barrancos, que alcanzaron dimensiones jamás vistas ni antes ni después de tal fecha. El agua avanzó y alcanzó cotas tales que no hubo esa noche lugar alguno que pudiera ser considerado seguro ni terreno o montaña que no sufriese la modificación de su aspecto. Puede asegurarse que los habitantes de la isla entraron en una nueva era a partir del 8 de noviembre de 1826.

Temporal de 1826 en Tenerife.
Barranco de Santos.

En la comarca de Güímar hizo En la noche del 6 al 7 de noviembre de 1826 la imagen de Candelaria se perdió víctima de la inundación que ocasionó numerosos destrozos, arrasando el castillo de San Pedro y arrastrando al mar la imagen de la Virgen, la ermita y parte del convento. Se vigilaron las costas, se enviaron barcos a recorrer los mares de entre las islas, se removió el litoral desde la playa a la Cueva de San Blas; pero todo fue en vano, pues la imagen no apareció. Después de una búsqueda infructuosa se decidió encargar una nueva talla que sustituyera a la desaparecida. Para ello se eligió al imaginero orotavense Fernando Estévez, esta imagen es la que hoy se puede ver en la Basílica de la Virgen.
Tenerife

Más de mil personas, según algunas crónicas, pudieron perder la vida en la noche del siete al ocho de noviembre de ese año en Tenerife, el curso de los barrancos cambió en tan solo unas horas y una enorme cantidad de casas y edificios importantes como el Castillo San Felipe del Puerto de la Cruz, sucumbieron bajo la fuerza de las aguas.
La cifra de víctimas puede ser fluctuante, pues queda abierta a posteriores fallecimientos de heridos, por el descenso del nivel y la esperanza de vida, la falta de medidas higiénicas y el aumento de las enfermedades. Lamentablemente, los registros parroquiales no atribuyen al aluvión la causa de defunción de los asientos posteriores. Esto nos impide aportar una cantidad cerrada. Al igual que en la mayoría de recuentos e investigaciones publicados con anterioridad, nuestro balance arroja una cifra rayana a los tres centenares de fallecidos en la isla de Tenerife.

Texto de Bruno Juan Álvarez Abréu.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Madrid

Johann RUGENDAS II
Jura de la Constitución de 1812 por la guarnición de Madrid.
Grabado coloreado.En torno a 1826.
Ayuntamiento de Madrid. Museo de Historia.


El grabador, perteneciente a una familia que alcanzó gran reconocimiento en el arte del grabado en la Europa de la primera mitad del siglo XIX, recrea de forma imaginaria el acto del juramento de la Constitución de 1812 por la guarnición militar de Madrid el 9 de marzo de 1820. Según dice el texto que figura en alemán y francés al pie de la imagen, el rey contempla la escena desde el balcón del palacio real.Ocupan el centro los militares, dispuestos en perfecta formación bajo las órdenes del general Francisco Ballesteros. En primer plano aparecen dos grupos de civiles que aparentan distinta actitud. Unos individuos, tocados con el gorro frigio,utilizado como distintivo por los partidarios de la revolución,increpan a otros que parecen poco entusiastas ante este acto,como el fraile de la derecha que da la espalda. El artista quiso reflejar el ambiente que se vivió en la capital de España tras el anuncio por parte del rey, el 7 de marzo de ese año, de su disposición a jurar la Constitución.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Valencia

Auto de Fe en Valencia (Julio 1826).
Museo del Romanticismo Madrid.


Esta estampa procedente de un taller francés, muestra la ejecución de la última víctima de la Inquisición, el mestre de Russafa, Cayetano Ripoll, inofensivo maestro de escuela que alardeaba de deísta, el 31 de julio de 1826. La escena,poco realista, muestra al sentenciado con el “sambenito”,flanqueado por una cohorte de frailes y civiles que se prestan a contemplar el espectáculo de su incineración figurada en un cubo pintado con las llamas, después de ahorcarlo.
Aunque exceda del ámbito temporal de esta exposición,la escena refleja la perduración de una institución secular,el Santo Oficio de la Inquisición, que aunque abolida en la Cortes de Cádiz, restaurada en 1820 y abolida de forma definitiva por decreto de 9 de marzo de 1820, renació bajo la forma de Juntas de Fe. Fue la de Valencia, inspirada por al canónigo José María Despujol, gobernador eclesiástico hasta el nombramiento del nuevo arzobispo de la diócesis Simón López, bajo cuya paternal protección pudo trabajar
varios años. La indignación de la prensa y de los gobiernos extranjeros ante la muerte de Ripoll alertó a Fernando VII, quien censuró a la Audiencia de Valencia por haber confirmado la sentencia de la Junta de Fe, pues ésta no era tribunal autorizado por orden alguna del rey y carecía de las más mínimas facultades.