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miércoles, 1 de julio de 2020

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

Crónica Negra de España 109:


El mayor naufragio de la historia de Galicia que cambió las reglas de la navegación

La historia del buque Santa María Magdalena, que naufragó en noviembre de 1810 en Viveiro (Lugo) y cambió la navegación para siempre.
550 fallecidos.



Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Diego González Rivas.

El 2 de noviembre de 1810, la playa de Covas amanecía con centenares de cadáveres sobre su arena. Dos de ellos permanecían fundidos en un abrazo. La madrugada anterior se había producido uno de los más trágicos sucesos de la historia naval de nuestro país, el naufragio de la fragata Santa Maria Magdalena y del bergantín Palomo, integrantes de una Armada de guerra compuesta por navíos españoles e ingleses, que se encontraba fondeada en la Ría de Viveiro, Lugo, en plena Guerra de la Independencia contra Francia, y que habían sido sorprendidos por un fuerte temporal. Los dos cadáveres abrazados eran padre e hijo, y su muerte sirvió para que la Armada prohibiese el embarque de familiares directos en la misma unidad. Se estima que 800 personas perdieron la vida esa noche en la mayor tragedia marítima de Galicia.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Ferrol en el siglo XVIII.

Diego González Rivas.

En 1773 se botaba en Ferrol un buque para la Armada Real, un nuevo modelo para una nueva época, en la que los grandes navíos de línea no parecían los más idóneos para el combate contra piratas y corsarios. Se necesitaba robustez, gran capacidad de ataque y mucha maniobrabilidad para defender las colonias de ultramar en las cálidas aguas del Mar Caribe. Así nacía la fragata, un nuevo tipo de barco que había sido construido en los Reales Astilleros de Esteiro, en Ferrol, con el nombre de Santa Maria Magdalena.

La fragata Magdalena montaba 38 cañones, tenía 44 metros de eslora, 13 de manga y desplazaba unas 500 Toneladas. Era un buque majestuoso, con la mejor tecnología y los mejores materiales del momento, que lo hacían único en su especie.

Durante su vida en activo prestó diversos servicios a la Armada, destacando la captura en solitario de un corsario inglés a su regreso de una misión en Las Azores. El capitán Pedro de Leyva, tras avistar al corsario “Duke of Cornualles”, y viendo que no podrían alcanzarlo, decidió esconder todos los cañones y ocultar a la mayoría de su tripulación, para hacerse pasar por un buque mercante y una presa fácil. De esta manera esperaba provocar la avaricia del corsario. Funcionó. El inglés se acercó a la Magdalena y, súbitamente, los cañones fueron desplegados y disparados, dejando fuera de juego al corsario.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
La Fragata Magdalena y el Bergantín Palomo.


Llegamos a 1810, en plena invasión napoleónica. Los ingleses, antiguos enemigos, ahora son nuestros mejores aliados frente a Bonaparte y así es como nace la “Expedición Cántabra”, una operación naval conjunta de la Armada española y la Royal Navy, cuya principal misión era recuperar Santoña de las garras de los franceses.

La escuadra partía de A Coruña el 14 de octubre de 1810. La componían 2.000 soldados españoles y 800 ingleses, la fragata Santa María Magdalena como buque insignia, el bergantín Palomo, dos goletas, cuatro cañoneras y varios transportes de tropas.


Al llegar a la península santanderina, un fuerte temporal obligó a la Magdalena y al Palomo a cortar los cabos de sus anclas mayores para poder capearlo. Con esta acción firmarían su pena de muerte, aunque en aquel momento no lo sabían.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Fragata española de 52 cañones. “Diccionario demostrativo con la configuración y anatomía de toda la arquitectura naval moderna”. Juan José Navarro, Marqués de la Victoria, 1719-1756. Museo Naval.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Maqueta de la fragata Santa María Magdalena en escala 1/14. Museo Naval de Ferrol.

La escuadra se dispersó y volvieron sobre sus pasos hasta la Ría de Viveiro, punto de encuentro de la Expedición en caso de necesidad. Allí se reaprovisionaron y repararon los daños mayores. Pero la madrugada del 1 al 2 de Noviembre, otro temporal arrastró de nuevo a los dos navíos debido a que no disponían de sus anclas mayores, al haberlas cortado en Santander.


La Magdalena fue empujada contra los bajos de la playa de Covas, donde se hundiría a unos 8 metros de profundidad. Los vecinos de Viveiro no tardaron en llegar a la playa, pero nada podían hacer ya para ayudar. El Palomo se estrelló contra unos acantilados en Sacido y allí aguantó hasta el amanecer, momento en el que se partió en dos.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

De la tripulación de la fragata, ocho personas lograron alcanzar la costa, pero solo sobrevivirían tres, alcanzando una cifra de 480 fallecidos. De la tripulación del Palomo fallecieron 70 personas y se salvarían 25. A estas cifras hay que sumarles la cantidad de marineros que estos dos navíos habían rescatado de otros cañoneros que también habían sido hundidos por el temporal y algunos prisioneros. La cifra podría alcanzar los 800 muertos, aunque oficialmente se contabilizaron 550, entre ellos el capitán de la Santa María Magdalena, Don Blas de Salcedo y su hijo guardamarina, cuyos cadáveres fueron recuperados abrazados.

A raíz de esta muerte simultánea, la Armada prohibiría embarcar a familiares directos en la misma unidad mediante la promulgación de una real orden de las recién creadas Cortes de Cádiz.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Fragmentos de la proa y la popa de la embarcación.
Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

Tras el naufragio, los restos permanecieron en el olvido, hasta que en 1951 un pescador de Covas redescubrió el pecio. En 1976, la Armada española rescató parte del naufragio de la Magdalena, y con el material recuperado creó el Museo Naval de Ferrol. En la actualidad las piezas de la fragata recuperadas ocupan la mayor parte de la exposición gracias a su buen estado de conservación.

En la playa de Covas, a unos metros del lugar del naufragio de la Santa María Magdalena se erigió una escultura con uno de los cañones y una de sus anclas. Su placa reza: “A los 550 náufragos del bergantín Palomo y de la fragata Magdalena sucumbidos en esta playa el 2 de noviembre de 1810”.

Los pecios de la Magdalena y del Palomo están protegidos por la de Ley de Patrimonio Histórico y es posible bucear para ver sus restos, que se encuentran en un sorprendente estado de conservación. Aquí podemos ver un espectacular documental con imágenes del pecio y la historia del naufragio.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Monumento en memoria a la fragata Magdalena, en Viveiro (Lugo).

Cuenta la leyenda que si se acude a la playa de Covas la noche de Todos los Santos, el 1 de noviembre, por encima del sonido de las olas puede oírse un grito: “¡Padre aguanta, voy a salvarte!”. Parte de la historia quedó plasmada en algunos poemas y romanceros populares de la época:

Dime, bergantín Palomo,
¿dónde fue tu perdición?
En la Ría de Vivero
al toque de la oración.
Di, fragata Magdalena,
¿qué mal viento te dio el mar?
Todos los vientos son buenos
si Dios no da tempestad.





viernes, 21 de abril de 2017

Madrid.

Madrid.
S.M. el Rey Alfonso XIII acompañado de los consejeros 
del Banco Español de Crédito,durante el acto de su nuevo edificio en 1922.
Foto: Alfonso.
Madrid.
Palacio de la Equitativa en 1906.
Rafael Roa.
Madrid.
Actual edificio de Banesto en la actualidad.
Calle Alcalá 144.

El edificio del Banco Español de Crédito (Banesto) fue construido para sede de la Compañía de Seguros La Equitativa. Fue edificado en el año 1882 y 1891 y está situado en la calle de Alcalá, 14. El edificio, de un eclecticismo muy original, se levanta sobre un solar triangular. En cuanto a su fachada, destacan las ménsulas en forma de cabeza de elefante que sustentan el balcón del primer piso.
Banesto dentro de este proceso de expansión, en 1922, se inaugura por Alfonso XIII la nueva sede social en la calle Alcalá. El edificio obra del arquitecto catalán José Grasser Riera, fue construido por encargo de la compañía americana La Equitativa, en 1882, y se finalizó en 1891.
Los dueños del complejo, junto con el arquitecto Rafael de la Hoz, han decidido que el hotel de lujo se levante en la antigua sede de Banesto.

El Palacio de la Equitativa, que así también se llama el edificio, tiene su entrada principal por la calle de Alcalá, lo que ha resultado clave para su emplazamiento.

Se trata de uno de los inmuebles más reconocidos del centro de la capital. Un edificio que se construyó entre 1887 1891 por encargo de la sociedad de seguros La Equitativa. La intención de los nuevos dueños es que el hotel sea uno de los más lujosos de la capital.
La belleza de la fachada, por de pronto, ya deja entrever que el establecimiento aspira a ser de altísimo nivel.
Las principales cadenas hoteleras del mundo también han entendido la singularidad del proyecto.
Hilton, Ritz-Carlton y Marriott.

El Banco Español de Crédito (Banesto) adquirió el palacete en 1920. Fue entonces cuando acometió su primera reforma. La segunda fue en 1954.

El trabajo para rehabilitar el interior del palacete será arduo. Fuentes relacionadas con el proyecto señalaban ayer a ABC que el interior de todos los edificios que componen la manzana de Canalejas presentan «destrozos importantes» debido a las numerosas transformaciones que han experimentado los inmuebles.
A 18.000 euros el metro

Lo mismo ocurre con la histórica sede del banco Hispano Americano. La propiedad del complejo ha decidido que este inmueble, y sus vecinos, alberguen las doscientas viviendas que proyectan para esta manzana. Serán pisos que se venderán a precio de oro. Expertos inmobiliarios han señalado a este periódico que el precio del metro cuadrado puede marcar un récord histórico en este caso y alcanzar los 18.000 euros.
El uso comercial se repartirá por las primeras plantas de todo el complejo de Canalejas, a excepción del hotel. Serán locales independientes y únicamente destinados a firmas de primer nivel, acorde con la categoría del hotel y las viviendas que se van a construir en este gigantesco bloque.
Aunque en un principio había pensado lo contrario, el arquitecto ha decidido desvincular los edificios y darle a cada uno su independencia.