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viernes, 10 de abril de 2026

Paterna (Valencia).

Entrada principal del antiguo Regimiento de Artillería de campaña ca. 1939.
Entrada principal del antiguo Regimiento de Artillería de campaña ca. 1939.
Regimiento de Artillería de campaña. Calle Maestro Juan Magal Benzo. Google Maps.
Regimiento de Artillería de campaña.
Calle Maestro Juan Magal Benzo.
Google Maps.



viernes, 30 de mayo de 2025

miércoles, 19 de junio de 2024

Accidente del helicóptero español en Afganistán de 2005.

Crónica Negra de España 168: 

17 Fallecidos.


https://www.larazon.es/historico/211-defensa-se-olvida-del-sexto-aniversario-del-cougar-LLLA_RAZON_392890/

El 16 de agosto de 2005 se produjo un accidente de helicóptero a 20 km al sur de la ciudad de Herat, en el noroeste de Afganistán, donde murieron 17 soldados españoles. Este fue el segundo desastre aéreo en que muere un gran número de soldados de España que estaban en Afganistán, tras el accidente del Yak-42 en Turquía.

A las 11:01 (hora afgana) un helicóptero Cougar (matrícula ET-6591​), que participaba en una operación de integración del Ejército de Tierra español dentro de la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (abreviado ISAF, del inglés International Security Assistance Force), informó haber visto una columna de humo negro en un valle al sur de Herat, que acabó correspondiendo a un impacto de otro Cougar contra el suelo (matrícula ET-657). Todos a bordo fallecen.

https://www.abc.es/espana/abci-bono-dejo-victimas-cougar-desprotegidos-indefensos-y-desamparados-201701180215_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fespana%2Fabci-bono-dejo-victimas-cougar-desprotegidos-indefensos-y-desamparados-201701180215_noticia.html El exministro de Defensa, José Bono, homenajeando a las víctimas helicóptero  Cougar, accidentado en Afganistán.
El exministro de Defensa, José Bono, homenajeando a las víctimas helicóptero
 Cougar, accidentado en Afganistán.

Doce de los fallecidos pertenecían al regimiento Isabel la Católica de la Brilat, con base en Pontevedra y los otros 5 procedían de Sevilla. Cinco militares que viajaban en otro helicóptero resultaron heridos al intentar hacer un aterrizaje de emergencia para auxiliar al aparato siniestrado. Eso último es inexacto, los dos helicópteros se separaron, con una colina que no permitía que se pudieran ver, cuando el primer helicóptero cayó, provocó un ruido de la caída y a causa del impacto la munición comenzó a explotar, ocasionando que el piloto del segundo helicóptero al pensar que estaba siendo atacado, buscó donde tomar, lo hizo como pudo, literalmente tirando el helicóptero al suelo, provocando heridas en la tripulación a causa del aterrizaje brusco.

A última hora del día se trasladaron en algunos vehículos del Ejército hasta la base Camp Arena, en Herat, los cuerpos de los 17 militares. Totalmente inexacto, si se observan las fotos del primer helicóptero, no pueden quedar cuerpos, los primeros en llegar fueron CSAR del ejército del aire medicalizados. La base se encuentra bajo mando español, a unos 22 km de donde se produjo el siniestro. Hasta el lugar se trasladaron desde España especialistas para realizar las pruebas de identificación de los cadáveres, en un viaje encabezado por el entonces ministro de Defensa José Bono.

Fotografía de Álvaro Ballesteros. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/2019/08/16/accidente-cougar-cobra-vida-17-militares/0003_201908P16C6993.htm
Fotografía de Álvaro Ballesteros.

Los últimos datos sobre las supuestas causas del accidente, en palabras de José Bono, indican que el helicóptero siniestrado superó la cima de una colina a poca altura del suelo y, después, contactó con el suelo, debió perder el control y el aparato perdió parte de su estructura, fuselaje y combustible. Cayó entre cincuenta o sesenta metros más allá, donde se incendió y ese fuego provocó que ardiera el combustible. El impacto se habría producido con el tren delantero, después con el trasero y después con toda la panza.

Información extraída de este enlace: 


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lunes, 20 de noviembre de 2023

Madrid.

Fuente del Prado.
Litografía.
Fuente de Atocha o de la Alcachofa. Parque del Retiro. https://www.turismomadrid.es/es/destacado/15111-recorre-las-fuentes-madrile%C3%B1as-con-nosotros.html
Fuente de Atocha o de la Alcachofa.
Parque del Retiro.
Replica de la Fuente de Atocha o de la Alcachofa.
Glorieta de Atocha.


Esta fuente también se conoce con el nombre de fuente de la alcachofa. La que está actualmente es una copia, estando la original dentro del Parque del Retiro. Su cuerpo bajo lo constituyen dos figuras, hombre y mujer, bajo la forma de tritones de la mitología clásica. El primer cuerpo está formado por una taza, cubierta de hojas y flanqueada por angelotes, y en la cúspide la alcachofa, a la que se atribuyó en tiempos de Felipe IV una milagrosa curación de unas fuertes anginas. Además tiene propiedades diuréticas.




viernes, 2 de septiembre de 2022

Valencia.

Valencia.
Soldados junto al Acuartelamiento de Santo Domingo sobre 1950.
Valencia.
Actual Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD).
Plaza Tetuán.
Foto particular, año 2022.



martes, 16 de agosto de 2022

El cabo D. Pedro Mur .

Crónica Negra de España 151:

100 fallecidos aproximadamente.
500 heridos aproximadamente.

Pedro Mur, el cabo de Húsares que pinto Dalmau. https://elretohistorico.com/pedro-mur/
Pedro Mur, el cabo de Húsares que pinto Dalmau.

El 28 de diciembre de 1833 nacía en Castejón del Puente (Huesca), Pedro Mur y Escalona. Ingresó como soldado el 6 de junio de 1854. Tras el periodo de instrucción fue destinado al 14º de Cazadores con base en Zaragoza. En marzo de 1855 fue trasladado a Zuera, muy cerca de Zaragoza, pero desertó pocos días después. Cuando se le encontró se le condenó a volver a cumplir servicio militar desde ese mismo día, ocurría esto el 28 de marzo de 1855.

El 15 de julio pasó destinado al Regimiento de Húsares de la Princesa, con base en Alcalá de Henares, en donde será ascendido a Cabo de Caballería tras unos meses de buen comportamiento, en diciembre de 1856.

La batalla de Tetuán de María Fortuny sobre 1862. Museo Nacional de Arte de Cataluña.
La batalla de Tetuán de María Fortuny sobre 1862.
Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Organizando a finales de 1859 los batallones para el Ejército Expedicionario de África, se integra su escuadrón en el Segundo Cuerpo Expedicionario, bajo el bastón del General Juan de Zabala, entonces director general del Arma de Caballería. El vapor «General Álava» sería el encargado de llevarlos a la costa norteafricana. Mientras todo esto sucedía y nuestro cabo de húsares se dirigía a su nuevo destino, tropas del Sultán de Marruecos atacaron las fortificaciones que protegían la ciudad española de Ceuta causando numerosos daños.

Tras las agresiones, el Gobierno español respondió concentrando en Algeciras, Málaga y Cádiz un ejército de 40.000 hombres, repartidos en cuatro Cuerpos, encomendados al mando de los Tenientes Generales Prim, Ecagüe, el propio Zabala y Ros de Olano, más una División de Caballería regida por don Félix Alcalá Galiano y una flota de la Armada de catorce unidades, actuando como general en jefe O’Donnell.

Fin de la Batalla. Augusto Ferrer Dalmau.
Fin de la Batalla.
Augusto Ferrer Dalmau.

El 5 de septiembre de 1859 se envió una nota exigiendo al Sultán Abd ar-Rahmán ibn Hisham el pago y reparación de lo dañado en menos de 10 días. El día 9 murió dicho Sultán y su hijo, y sucesor, Mohamed IV tuvo pretexto justificado para pedir una ampliación del plazo, que incumplió, por lo que se produjo el inicio de las hostilidades el 22 de octubre de 1859. Las tropas españolas pudieron alejar al enemigo de Ceuta, a costas de fuertes bajas, quedando a cargo de la defensa del nuevo perímetro de la ciudad al ejército al mando del general Echagüe.

España se había hartado de las agresiones de Marruecos a sus ciudades y se fijó como objetivo Tetuán. El 1º de enero de 1860 con el general Prim en la vanguardia, se adentró el ejército español por el Valle de los Castillejos (paralelo a la costa). Maniobra imprudente ya que fueron hostilizados por una avalancha desde el flanco derecho de soldados enemigos.

El cabo D. Pedro Mur arrebata el estandarte de la caballería marroquí.
El cabo D. Pedro Mur arrebata el estandarte de la caballería marroquí.

Prim, ante la ofensiva en Castillejos, ordena a los húsares cargar contra las tropas del sultán, entre los que se encontraba nuestro protagonista. La carga es brutal y hace retroceder hasta el fondo del valle al enemigo. Pero no los hace huir. Siguen el ataque. Los artilleros de vanguardia son los más castigados, la infantería arroja sus mochilas para ir más ligeros y cargan a bayoneta, el combate es duro.

El batallón de Córdoba está cediendo. El mortífero fuego de los innumerables enemigos hace flaquear la moral. Los jefes conducen a los soldados al frente, muchos caen atravesados a balazos. El general de Reus, dando ejemplo, conduce al regimiento de Córdoba a la carga, pero tuvieron que retirarse de nuevo. 

El cabo D. Pedro Mur .

El cabo D. Pedro Mur .

Con la bandera desplegada al viento, seguido por la infantería, se lanza con su caballo sobre el enemigo. Los soldados ya no flaquean, el combate es cuerpo á cuerpo y al arma blanca. Las cornetas tocan ataque, los enemigos gritan pero acaban por ser ellos los que se aterran y por fin ceden el terreno. En ese momento aparecen las fuerzas de Zabala.

Se produce entonces el episodio por el que es recordado el cabo de húsares Pedro Mur y Escalona, que se arroja en veloz persecución de un abanderado enemigo al que logra dar alcance y derribar de una estocada. Se hace así con una bandera marroquí en campo enemigo. Bajo intenso fuego de bala de espingarda huye al galope hacia su regimiento, pues se había internado en aquella zona hostil sin darse cuenta. La acción, contemplada por nuestros soldados en avance, levantó ánimos y animó aquella batalla hasta llevarla a la victoria.

Tras el combate, y una vez instalado el campamento, los valientes escuadrones españoles recogieron a sus heridos y se dispusieron a descansar tras un duro día. El cabo Pedro Mur recibió la orden de presentarse en la tienda del general en jefe, a la que acudió acompañado del teniente don Pedro Aldama y del capitán Alejandro Yaquetot.

Bandera Marroquí.
Bandera Marroquí.

Al entrar en la tienda fueron recibidos por el General en persona, los saludó con efusividad e invitó a que tomaran asiento. Pero antes de sentarse, el cabo Pedro Mur le presentó la bandera que había arrebatado al enemigo. Leopoldo O’Donnell la recogió con mucho interés, la miró con detenimiento y sin poder dejar de sonreír, levantó la mirada.

Pedro Mur continuó el resto de la campaña de forma destacada, saliendo victorioso de todas las batallas, incluida la famosa batalla de Wad-Ras que trajo la paz a las plazas africanas españolas y la consecución efectiva de Santa Cruz del Mar Pequeña, además de la ocupación de Tetuán.

Tras su regreso a la península en abril de 1860 pasa por diferentes puestos, como el de «Correo de Orden de la Real Caballeriza de La Reina«, puesto que ocupó por 8 años. Luego sería ascendido a Teniente del Cuerpo de Inválidos debido a su delicada salud, llegando a Comandante. El 16 de noviembre de 1905 se concedía a Pedro Mur y Escalona el empleo de Teniente Coronel del Cuerpo de Inválidos. Su fallecimiento se produjo en 18 de diciembre de 1910.

Información extraída de este enlace: https://elretohistorico.com/pedro-mur/











lunes, 15 de agosto de 2022

Valencia.

Valencia.
Avenida de Suecia, y la calle Artes Gráficas sobre 1950.
Valencia.
Avenida de Suecia, y la calle Artes Gráficas 2022.
Foto particular.



martes, 3 de mayo de 2022

José Cabrinetty Cladera.


Crónica Negra de España 145:


José Cabrinetty Cladera.
José Cabrinetty Cladera.
Publicado en el año 1902.
Historia de España en el Siglo XIX.
Volumen 5.

José Cabrinetty Cladera (Palma de Mallorca, 1822-Alpens, 1873) fue un militar español que brilló especialmente en los enfrentamientos contra la facción carlista durante las guerras civiles del siglo xix.

Comenzó su carrera militar a los catorce años. Luchó en las últimas batallas de la Primera Guerra Carlista, la primera en el País Vasco y, a continuación, las tomas de Aliaga (Teruel), Morella y Berga. Inicialmente estaba bajo el mando del general O'Donnell y más tarde de Espartero, alcanzando el grado de subteniente. Cuando Espartero se fue al exilio le acompañó con dos de sus hermanos.

En 1847, regresó del exilio y reingresó en el ejército con el grado de teniente. En 1859, como capitán, participó en varias batallas de la guerra de África, entre ellas la batalla de los Castillejos.

José Cabrinetty Cladera.
Muerte del brigadier Cabrinetty en 1873.

Al inicio de la tercera guerra carlista, en 1872, era ya teniente coronel, pero ascendió a brigadier. Al principio luchó en el Penedès; más tarde, en las comarcas de Gerona y finalmente ocupó el cargo de comandante general de la provincia de Lérida. En 1873 liberó Puigcerdá del asedio de los carlistas.1​ Persiguió de manera implacable al jefe carlista Francisco Savalls, el cual lo derrotó el 9 de julio del 1873 en la batalla de Alpens.2​ Cabrinetty murió de un disparo en la nuca cuando entraba a caballo en la plaza del pueblo, lo que llevó a creer que tal vez había sido asesinado por sus propios hombres.

La noticia de la derrota gubernamental en Alpens y de la muerte del brigadier Cabrinetty dio lugar a manifestaciones anticarlistas y a favor de la República en Barcelona al día siguiente de su muerte, el 11 de julio de 1873.

Información extraída de este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Cabrinetty





martes, 1 de marzo de 2022

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid).

Crónica Negra de España 143:

Las llamadas matanzas de Paracuellos fueron una serie de episodios de asesinatos masivos organizados en la retaguardia durante la batalla de Madrid, en el transcurso de la guerra civil española, que llevaron a la muerte de algo más de dos mil presos considerados opuestos al bando republicano. Los hechos se desarrollaron en dos lugares cercanos a la ciudad de Madrid: los parajes del arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, y en el soto de Aldovea, en el término municipal de Torrejón de Ardoz.

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid).
Periódico ABC.

Las ejecuciones se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas cárceles madrileñas, conocidos popularmente como sacas, llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y sublevadas2​ por el control de la ciudad. Del total de 33 sacas de presos que tuvieron lugar en las fechas citadas, 23 de ellas terminaron en asesinatos: las de los días 7, 8, 9, 18, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 de noviembre y las del 1 y el 3 de diciembre. Entre el 10 y el 17 de noviembre no hubo extracción alguna, y desde el 4 de diciembre cesaron.

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid)
Periódico ABC.

Los convoyes mencionados fueron desviados hacia los lugares del arroyo San José, en la vega del río Jarama, y a un caz o canal de irrigación fuera de uso, en la vega del río del Henares, donde miles de prisioneros fueron asesinados. Entre ellos se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República,4​ falangistas, religiosos, aristócratas, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que en su inmensa mayoría habían sido detenidas por ser consideradas partidarias de la sublevación y encarceladas sin amparo legal ni acusación formal.

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid)
Periódico La Razón.

Los presos extraídos de las prisiones lo fueron con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Dirección General de Seguridad y, en ocasiones, firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden Público de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. La Presidencia de la Junta de Defensa la ocupaba el general José Miaja Menant, y la Consejería de Orden Público estaba encabezada por Santiago Carrillo Solares. Posteriormente, como se ha dicho, los presos que figuraban en las 23 sacas citadas fueron fusilados de manera sumaria por milicias pertenecientes a las organizaciones obreras.

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid)

Antes del 7 de noviembre ya habían tenido lugar algunas sacas, especialmente durante el mes de octubre, fruto del cambio de manos del control de las prisiones, que pasó de las de los funcionarios de prisiones a las de las milicias a raíz del asalto a la cárcel Modelo, que tuvo lugar el 22 de agosto de 1936, si bien el número de asesinados fue mucho menor y carecieron del carácter sistemático y organizado que tuvieron las de noviembre y diciembre.5​

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. Según Paul Preston, «las sacas y las ejecuciones, conocidas bajo el nombre genérico de “Paracuellos”, constituyeron la mayor atrocidad cometida en territorio republicano durante la guerra civil española, y su horror puede explicarse, aunque no justificarse, por las aterradoras condiciones de la capital sitiada».

Matanzas de Paracuellos en 1936 (Madrid)
Vista del cementerio de Paracuellos.

El número de asesinados ascendió a unas 2500 personas, si bien la cifra exacta sigue siendo objeto de controversia. También son objeto de enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados de las cárceles, por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos en tanto que en otras (las menos) los prisioneros llegaban sanos y salvos a su destino y, en definitiva, las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos.

Información extraída de este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Matanzas_de_Paracuellos









sábado, 15 de enero de 2022

El linchamiento de los prisioneros en el Cuartel de la Montaña en 1936 (Madrid).

Crónica Negra de España 142:

El general Fanjul protagonizó el único foco del alzamiento que tuvo cierta importancia en Madrid en las primeras horas de la Guerra Civil. Atrincherado en el Cuartel de la Montaña junto a unos 1.500 hombres aguantó unas horas hasta que se produjo la toma de la instalación militar.

El linchamiento de los prisioneros en el Cuartel de la Montaña en 1936 (Madrid).

Desde la mañana del 19 de julio el cuartel empezó a ser rodeado por fuerzas regulares leales al Frente Popular y milicianos de los diversos partidos de izquierdas que habían sido armados por sus organizaciones y por el Gobierno presidido por José Giral, que sustituye a Diego Martínez Barrio que se negó a armar a partidos y sindicatos. Durante el primer día de asedio se produjeron varios intercambios de disparos de fusilería entre los sitiados en el cuartel y quienes mantenían el cerco.

El linchamiento de los prisioneros en el Cuartel de la Montaña en 1936 (Madrid).

Durante la noche del 19 al 20 de julio, los militares fieles al Gobierno del Frente Popular emplazaron tres piezas de artillería en la Plaza de España. Dos de ellas eran del 105 y la tercera del 155. Entre las siete de la mañana y las nueve se produjo un intenso bombardeo contra los sitiados, lo que provocó que varias compañías de la Guardia Civil que sitiaban el edifico entrasen al complejo desde el Parque del Oeste y lograsen que se abrieran las puertas que dan a la Plaza de España con el asalto masivo por parte de las milicias de los partidos políticos, mientras que las unidades militares frente populistas se quedaban en el exterior.
La masacre se inició en el patio central del cuartel, donde los defensores, que ya se habían rendido, empezaron a ser asesinado cuando se entregaban a los sitiadores. Entre las decenas de cadáveres que se recogieron dentro del recinto, muchos fueron asesinados con disparos a quemarropa. Otros no tuvieron tanta suerte y murieron a manos de una parte de la turba que, no habiendo llegado a tiempo al reparto de armas, entraron con hachas, cuchillos y mazos.
Se vivieron escenas de especial crueldad, como cuando varios de los oficiales que se habían rendido fueron arrojados desde las ventanas del tercer piso al patio y luego rematados a patadas por la turba. O la subasta de algunos prisioneros para decidir que asaltante le rajaba el vientre con una bayoneta.

El linchamiento de los prisioneros en el Cuartel de la Montaña en 1936 (Madrid).
Imagen: Tomás Carlos Capuz y Alonso (Dominio Público

Tras el primer momento de asesinatos, la matanza se detiene y los prisioneros fueron divididos en dos grupos. Uno de ellos era sacado y fusilados inmediatamente junto al muro del cuartel donde eran rematados a bayoneta. Otros fueron enviados a la Cárcel Modelo, de donde fueron sacados y asesinados en Paracuellos pocos meses después.

Al acabar el día 20 de julio, más de 200 cuerpos se encontraban tendidos sin vida en el patio, mientras que varias docenas fueron abandonadas junto a los muros del edificio.

El linchamiento de los prisioneros en el Cuartel de la Montaña en 1936 (Madrid).
Asesinados en el cuartel de la Montaña.

Desde la historiografía marxista se han consolidado dos mitos para justificar la barbarie de la turba. La primera es que se ametralló a la masa cuando se acercaban al recinto mientras se sacaba una bandera blanca. La segunda que la autoridad no pudo hacer nada para evitar los linchamientos.

Es cierto que se produjeron ametrallamientos mientras desde una de las ventanas se mostraba una bandera blanca. Pero quienes sacaron las banderas de rendición eran oficiales partidarios del Frente Popular que se encontraban desarmados y prisioneros en una de los despachos de la segunda planta y que pretendían ponerse a salvo y que no hicieran fuego con las piezas de artillería a esa zona, no representaban a los sublevados ni fue orden del general Fanjul.

Respecto a lo de los linchamientos incontrolados que no pudieron ser sofocados por las fuerzas del orden frenepopulistas, contrasta con su eficacia a la hora de sacar sin agresiones al propio Fanjul para poder llevarlo ante la Justicia para ser juzgado.









viernes, 14 de enero de 2022

San Sebastián (Guipúzcoa).

San Sebastián (Guipúzcoa).
Monumento a Antonio de Oquendo en 1894.
San Sebastián (Guipúzcoa).
Monumento a Antonio de Oquendo.
Plaza Oquendo.


La estatua al Almirante Don Antonio de Oquendo se ubica muy próximo a lo que es conocido como el centro urbano de la ciudad de San Sebastián, casi al lado de atracciones turísticas como el Teatro Victoria Eugenia o el Mercado de la Bretxa.

Esta estatua representa al Almirante Don Antonio de Oquendo y Zandategui, quien fuera un experto marinero, heroico soldado y cristiano piadoso, como pone en su inscripción. Nacido en San Sebastián en 1577, participó en más de 100 combates navales, destacando el de la Batalla de los Abrojos en 1631 y el de la Batalla de las Dunas en 1639. Falleció en el año 1640 en la ciudad de La Coruña.


El almirante aparece sobre un pedestal de piedra, donde se puede ver una inscripción que dice así: "Al Gran Almirante Don Antonio de Oquendo", dedicado por la ciudad que le vio nacer, es decir, San Sebastián.




martes, 10 de agosto de 2021

Madrid.

Madrid.
Milicianos en la guerra civil española sobre 1936.
Todocolección.

jueves, 1 de julio de 2021

Batalla de Somorrostro o de las Montañas en 1874 (Cantabria).

Crónica Negra de España 132.

Entre 600 y 2000 fallecidos.

Batalla de Somorrostro o de las Montañas en 1874 (Cantabria).
Desembarco de Víveres y municiones de guerra en 1874.
José Luis Rico Pellicer.

La guerra de las montañas.

CASTRO URDIALES.

Las luchas fueron tan encarnizadas que, tras la batalla, se daban de plazo hasta 10 días para contar los muertos.

La voz 'Guiri' viene de las guerras carlistas, por la hebilla de los cinturones de la Guardia Real -R.G. o Guiri-.

Batalla de Somorrostro o de las Montañas en 1874 (Cantabria).
Imagen que demuestra que los barcos podían navegar por el río Barbadún.  
Jesús Garay.

«Castro Urdiales tente tieso, que Laredo ya calló, los caballos de los guiris Navarrete los llevó». Así rezaba una redondilla en la última carlistada y que como estamos viendo tanta desdicha trajo a Castro Urdiales y su comarca. Muchos castreños murieron en la contienda de Somorrostro, Abanto y las Muñecas. Las luchas fueron tan encarnizadas que, después de la batalla, se daban de plazo hasta 10 días para contabilizar a los muertos, ya que morían más en las camillas de la Cruz Roja, por las terribles heridas infectadas, que en el mismo campo de batalla. Las armas no eran de destrucción masiva, como se dice ahora, a veces se luchaba a espada y hasta a estacazos y las balas y bombas de los cañones hacían a veces menos daño que caerse del caballo, por lo que no era extraño que después de la lucha, los caídos en batalla fuesen unas cuantas docenas y al de 10 días cientos. Todo esto está confirmado en rica documentación en los archivos y en publicaciones de la época, donde el periodismo de guerra fue plasmado con intensidad en la prensa de entonces y en la Ilustración Española y Americana en particular.

Batalla de Somorrostro o de las Montañas en 1874 (Cantabria).

Los heridos recuperables los embarcaban rápidamente a Santander en barcos preparados para ello y los puestos de la Cruz Roja castreña a veces pedían ayudar hasta a los heridos menos graves por la llegada masiva de ellos. Un día 24 de marzo del año 1874, un soldado carlista, de nombre Francisco Erausquin y que con el tiempo llego a ser un vecino castreño de pro, historiador y cronista culto que escribió en los diarios del lugar, decía en La Ilustración de Castro, un 24 de marzo de 1935 y con el título de Hechos Históricos lo siguiente referente a la última carlistada: «Verdaderamente de crimen horrendo puede clasificarse el que se llevó a cabo por la soberbia del dominio de España y que en el día de hoy justamente hace 61 años en el valle de Somorrostro a consecuencia de tener sitiada y muriéndose de hambre por los carlistas, la villa de Bilbao y a las que las tropas del gobierno o los «Guiris» como nosotros los llamábamos, querían salvarlos y el día 24 de marzo del 1874, los 'Guiris' quisieron romper el cerco carlista, cogiendo el pico del Montaño para de allí, con el dominio de la artillería de la que nosotros carecíamos, salvar Bilbao, ya que desde Santander enviaban a Castro Urdiales y de aquí las dirigían a Somorrostro fuerzas considerables». Pero como los carlistas, en previsión y falta de artillería, habían preparado una cantidad de ruedas de vagones sueltas, a la vez de hacerlas alguna, aunque débil resistencia, les iban poco a poco, cediéndoles el terreno. Cuando les pareció llegada la oportunidad, echaron a rodar sobre ellos todas aquellas ruedas, haciéndoles retroceder tumultuosamente unos sobre otros y al mismo tiempo se les echaron encima 24 batallones carlistas que estaban preparados, detrás de aquellas montañas. Hicieron una terrible carnicería quedando en menos de una hora, más de 4000 muertos y otros tantos heridos...

Batalla de Somorrostro o de las Montañas en 1874 (Cantabria).

Cuando llegaron las noticias a Castro, el pueblo lloró consternado, se redoblaron los esfuerzos y hubo heridos que iban a ser evacuados y voluntariamente se quedaron aquí para ayudar en lugar de embarcar para los cómodos hospitales de Santander. Se habló de un tal Fluctuoso, venido de la parte de Zamora y trabajador de las minas de Abanto que, sin una pierna y una pata de palo que él se fabrico, se convirtió en el paladín de la caridad y se le veía calleja arriba, calleja a bajo ir a los hospitales de sangre a dar consuelo a los más necesitados, pues no había tantas manos para curar tantas heridas, ni tantas palabras para consolar a los más graves, que morían en un goteo continuo. Ese día de 24 de marzo de 1874, las lanchas de Castro, aun con el riesgo de ser cañoneadas, se adentraron por el Barbadún y embarcaron a docenas de heridos que andaban desperdigados por campo y veredas en lamento continuo. En tierra, cortejos de dolor, transitaban, a veces molestándose por caminos intransitables y atajos espeluznantes para poder agilizar la evacuación de los centenares de heridos. También los pescadores castreños en sus lanchas se volcaron tanto como los servicios de tierra, llevando vituallas a las tropas y costeando para no ser vistos en un trasiego de cabotaje humano que merece ser recordado. Muchos de aquellos remeros, solo una década atrás, fueron los que consiguieron la gloria en la bahía de Santander para Castro al ganar la regata delante de la reina de España y que a Barbieri le dio motivos para componer la primera jota del regateo.

Mucho duró esta contienda y muchos fueron los muertos y heridos irrecuperables que con el tiempo fueron cruelmente olvidados, como olvidados fueron aquellos soldados desconocidos que, viniendo derrotados de las colonias de ultramar, eran traídos a España como vulgar ganado, desembarcados y dejados a su merced, a que llegasen andando y heridos hasta sus lugares de origen, allá de lejos a veces hasta León, Palencia, Burgos etc. Muchos de estos macilentos soldados que dormían a la intemperie y pasaban por Castro Urdiales fueron atendidos por la Cruz Roja castreña, hasta su recuperación, ya que muchos venían enfermos y heridos.








jueves, 1 de abril de 2021

Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.

Crónica Negra de España 126.

Fallecidos: 75,ningun superviviente.
Pasajeros: 62.
Tripulación: 13.

Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.
El avión implicado en el accidente,en Septiembre del 2001.

El vuelo 4230 de UM Airlines se estrelló en el monte Pilav (40°48′24.77″N 39°39′21.86″E), cerca del aeropuerto de Trebisonda (Turquía) el 26 de mayo de 2003 con 75 personas a bordo. El pasaje lo formaban 62 militares españoles, que regresaban a España tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán y Kirguistán; todos ellos fallecieron junto a doce tripulantes ucranianos y un ciudadano bielorruso.


Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.
RTVE.

Este accidente aéreo fue la peor tragedia del Ejército español en toda su historia en tiempo de paz. La conmoción en España fue tal, que el funeral de Estado en Torrejón de Ardoz, dos días después del siniestro, con la presencia de los reyes y el príncipe de Asturias, y retransmitido en directo por las cadenas de televisión de ámbito nacional, se convirtió en el espacio más visto de la tarde desde hacía varios años. El Gobierno español publicó un Real Decreto en el BOE por el que se «declara luto oficial desde las 00 horas del día 28 hasta las 24 horas del día 29, del presente mes de mayo, durante las cuales la Bandera Nacional ondeará a media asta en todos los edificios públicos y buques de la Armada». Este duelo oficial durante dos días fue declarado como «testimonio del dolor de la Nación española ante el fallecimiento de sesenta y dos militares españoles, en accidente aéreo ocurrido a su regreso de la misión de paz desarrollada en Afganistán, a propuesta del presidente del Gobierno».Se han abierto seis procesos judiciales a raíz de la tragedia, cuatro en España y dos en Turquía.
Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.
Imagen de Trabzon (Turquía), el 27 de mayo de 2003, del lugar del accidente del avión Yakolev 42, en el que murieron 62 militares españoles. (EFE).
Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.
Restos del avión Yak-42 tras el accidente del año 2003. 
 El Correo.


La tragedia estuvo salpicada de diversas polémicas. La primera se debió a la mala identificación de los cuerpos, que en algunos casos no fueron entregados a las familias correctamente o incluso los restos de diversas personas aparecieron mezclados en un mismo féretro; las identificaciones de los cuerpos se realizaron en Turquía y en muy poco tiempo, lo que se demostró como el origen de los errores. La segunda gran polémica se debió al mal estado del avión, circunstancia de la que ya habían advertido en numerosas ocasiones los militares a sus mandos, a pesar de lo cual el avión realizó el vuelo con el fatal desenlace. El día 28 de mayo de 2018 Turquía informa al gobierno español que han encontrado una pierna de un fallecido.

Accidente del Yak-42 en Turquía el 26-05-2003.
Monumento en honor de los 62 fallecidos del accidente levantado el 17 de abril de 2007 en el Paseo de la Constitución, en Zaragoza.