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jueves, 8 de abril de 2021

martes, 6 de abril de 2021

Cáceres.

Cáceres.
Grabado estatua antigua sobre la plaza de Cáceres.
Alexandre de Laborde 1810.

Biblioteca Virtual Extremeña.
Cáceres.
Diosa Ceres.

El Genio andrógino o Diosa Ceres es una estatua romana que data del siglo I y que en la actualidad forma parte de la colección permanente del Museo Arqueológico Provincial situado en la ciudad de Cáceres.
Conocida popularmente como la diosa Ceres, representa una figura humana con los pliegues de sus vestidos muy pronunciados y que sujeta en su mano izquierda el cuerno de la abundancia.
Una copia de la misma estuvo situada entre 1820 y 1962 en la Torre de Bujaco en la Plaza Mayor de Cáceres. Una de las hipótesis que se barajan sobre el origen del nombre de la torre es precisamente que los cacereños utilizaban el término buhaco (muñeco de paja) para referirse a la estatua del genio andrógino. Debido al peso de dicha copia, a mediados del siglo XX se decidió retirarla de su emplazamiento en la torre y a finales del mismo siglo se situó en el Foro de los Balbos en uno de los laterales del Ayuntamiento.
Información extraída de este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Genio_andr%C3%B3gino




viernes, 31 de julio de 2020

La cañonera Tigre.

Crónica Negra de España 110:

La cañonera Tigre era una embarcación pequeña, armada con pocos cañones (normalmente un sólo cañón de 24 libras, aunque a veces llevaban dos o tres cañones más pequeños) y que se dedicaba a la patrulla costera. Sin embargo, la Armada Española tenía una larga tradición con este tipo de embarcación y eran utilizadas de forma muy efectiva. En el ataque inglés a Cádiz llevado a cabo por Horatio Nelson en 1797 fracasó en parte gracias a la flotilla de lanchas cañoneras comandadas por Mazarredo. Incluso se llegó a escribir una coplilla sobre el tema:

La cañonera Tigre.
Imagen: Carlos Parrilla Penagos.

Las lanchas cañoneras, a pesar de ser muy pequeñas, eran peligrosas si atacaban en grandes números a navíos mayores. Su velocidad y agilidad le permitían escapar del ataque de los buques mayores.

En 1810, ya en plena guerra de la Independencia, se utilizaban estas lanchas para patrullar las costas y hostigar a los franceses. El cañonero Tigre estaba comandado por  el teniente de navío D. Lorenzo Parra y su misión era la de vigilar la costa comprendida entre los río Guadalquivir y Guadiana. En una de sus misiones entró en la ría de Huelva y quemó varias naves corsarias francesas, entre ellas un místico (barco costero de 2 palos). Igualmente, con el fuego de sus cañones ahuyentó a un grupo de tropas francesas que intentaron defenderlos, matando e hiriendo a muchos. De repente estalló un temporal de viento del Este que provocó que la cañonera embarrancase en la barra del río. Al ser imposible sacarla del fango, todas su tripulación desembarcó y quemó la nave para evitar que el enemigo la capturase.

La cañonera Tigre.
Vicente Luis Sanahuja Albiñana.

No se sabe exactamente dónde se hundió la cañonera ni tampoco el lugar donde quemó las naves francesas. Durante la construcción del muelle de Levante aparecieron cañones franceses, pero desconozco su cronología y si pueden asociarse a estos barcos corsarios.

En el listado de naufragios de la Armada Española, en 1810 aparecen dos referencias lanchas cañoneras hundidas en Huelva. La Tigre y el falucho cañonero número 1, hundido tras un temporal del Este y en el cuál murieron 5 hombres.

La cañonera Tigre.




miércoles, 1 de julio de 2020

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

Crónica Negra de España 109:


El mayor naufragio de la historia de Galicia que cambió las reglas de la navegación

La historia del buque Santa María Magdalena, que naufragó en noviembre de 1810 en Viveiro (Lugo) y cambió la navegación para siempre.
550 fallecidos.



Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Diego González Rivas.

El 2 de noviembre de 1810, la playa de Covas amanecía con centenares de cadáveres sobre su arena. Dos de ellos permanecían fundidos en un abrazo. La madrugada anterior se había producido uno de los más trágicos sucesos de la historia naval de nuestro país, el naufragio de la fragata Santa Maria Magdalena y del bergantín Palomo, integrantes de una Armada de guerra compuesta por navíos españoles e ingleses, que se encontraba fondeada en la Ría de Viveiro, Lugo, en plena Guerra de la Independencia contra Francia, y que habían sido sorprendidos por un fuerte temporal. Los dos cadáveres abrazados eran padre e hijo, y su muerte sirvió para que la Armada prohibiese el embarque de familiares directos en la misma unidad. Se estima que 800 personas perdieron la vida esa noche en la mayor tragedia marítima de Galicia.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Ferrol en el siglo XVIII.

Diego González Rivas.

En 1773 se botaba en Ferrol un buque para la Armada Real, un nuevo modelo para una nueva época, en la que los grandes navíos de línea no parecían los más idóneos para el combate contra piratas y corsarios. Se necesitaba robustez, gran capacidad de ataque y mucha maniobrabilidad para defender las colonias de ultramar en las cálidas aguas del Mar Caribe. Así nacía la fragata, un nuevo tipo de barco que había sido construido en los Reales Astilleros de Esteiro, en Ferrol, con el nombre de Santa Maria Magdalena.

La fragata Magdalena montaba 38 cañones, tenía 44 metros de eslora, 13 de manga y desplazaba unas 500 Toneladas. Era un buque majestuoso, con la mejor tecnología y los mejores materiales del momento, que lo hacían único en su especie.

Durante su vida en activo prestó diversos servicios a la Armada, destacando la captura en solitario de un corsario inglés a su regreso de una misión en Las Azores. El capitán Pedro de Leyva, tras avistar al corsario “Duke of Cornualles”, y viendo que no podrían alcanzarlo, decidió esconder todos los cañones y ocultar a la mayoría de su tripulación, para hacerse pasar por un buque mercante y una presa fácil. De esta manera esperaba provocar la avaricia del corsario. Funcionó. El inglés se acercó a la Magdalena y, súbitamente, los cañones fueron desplegados y disparados, dejando fuera de juego al corsario.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
La Fragata Magdalena y el Bergantín Palomo.


Llegamos a 1810, en plena invasión napoleónica. Los ingleses, antiguos enemigos, ahora son nuestros mejores aliados frente a Bonaparte y así es como nace la “Expedición Cántabra”, una operación naval conjunta de la Armada española y la Royal Navy, cuya principal misión era recuperar Santoña de las garras de los franceses.

La escuadra partía de A Coruña el 14 de octubre de 1810. La componían 2.000 soldados españoles y 800 ingleses, la fragata Santa María Magdalena como buque insignia, el bergantín Palomo, dos goletas, cuatro cañoneras y varios transportes de tropas.


Al llegar a la península santanderina, un fuerte temporal obligó a la Magdalena y al Palomo a cortar los cabos de sus anclas mayores para poder capearlo. Con esta acción firmarían su pena de muerte, aunque en aquel momento no lo sabían.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Fragata española de 52 cañones. “Diccionario demostrativo con la configuración y anatomía de toda la arquitectura naval moderna”. Juan José Navarro, Marqués de la Victoria, 1719-1756. Museo Naval.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Maqueta de la fragata Santa María Magdalena en escala 1/14. Museo Naval de Ferrol.

La escuadra se dispersó y volvieron sobre sus pasos hasta la Ría de Viveiro, punto de encuentro de la Expedición en caso de necesidad. Allí se reaprovisionaron y repararon los daños mayores. Pero la madrugada del 1 al 2 de Noviembre, otro temporal arrastró de nuevo a los dos navíos debido a que no disponían de sus anclas mayores, al haberlas cortado en Santander.


La Magdalena fue empujada contra los bajos de la playa de Covas, donde se hundiría a unos 8 metros de profundidad. Los vecinos de Viveiro no tardaron en llegar a la playa, pero nada podían hacer ya para ayudar. El Palomo se estrelló contra unos acantilados en Sacido y allí aguantó hasta el amanecer, momento en el que se partió en dos.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

De la tripulación de la fragata, ocho personas lograron alcanzar la costa, pero solo sobrevivirían tres, alcanzando una cifra de 480 fallecidos. De la tripulación del Palomo fallecieron 70 personas y se salvarían 25. A estas cifras hay que sumarles la cantidad de marineros que estos dos navíos habían rescatado de otros cañoneros que también habían sido hundidos por el temporal y algunos prisioneros. La cifra podría alcanzar los 800 muertos, aunque oficialmente se contabilizaron 550, entre ellos el capitán de la Santa María Magdalena, Don Blas de Salcedo y su hijo guardamarina, cuyos cadáveres fueron recuperados abrazados.

A raíz de esta muerte simultánea, la Armada prohibiría embarcar a familiares directos en la misma unidad mediante la promulgación de una real orden de las recién creadas Cortes de Cádiz.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Fragmentos de la proa y la popa de la embarcación.
Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.

Tras el naufragio, los restos permanecieron en el olvido, hasta que en 1951 un pescador de Covas redescubrió el pecio. En 1976, la Armada española rescató parte del naufragio de la Magdalena, y con el material recuperado creó el Museo Naval de Ferrol. En la actualidad las piezas de la fragata recuperadas ocupan la mayor parte de la exposición gracias a su buen estado de conservación.

En la playa de Covas, a unos metros del lugar del naufragio de la Santa María Magdalena se erigió una escultura con uno de los cañones y una de sus anclas. Su placa reza: “A los 550 náufragos del bergantín Palomo y de la fragata Magdalena sucumbidos en esta playa el 2 de noviembre de 1810”.

Los pecios de la Magdalena y del Palomo están protegidos por la de Ley de Patrimonio Histórico y es posible bucear para ver sus restos, que se encuentran en un sorprendente estado de conservación. Aquí podemos ver un espectacular documental con imágenes del pecio y la historia del naufragio.

Fragata Santa María Magdalena 1773-1810.
Monumento en memoria a la fragata Magdalena, en Viveiro (Lugo).

Cuenta la leyenda que si se acude a la playa de Covas la noche de Todos los Santos, el 1 de noviembre, por encima del sonido de las olas puede oírse un grito: “¡Padre aguanta, voy a salvarte!”. Parte de la historia quedó plasmada en algunos poemas y romanceros populares de la época:

Dime, bergantín Palomo,
¿dónde fue tu perdición?
En la Ría de Vivero
al toque de la oración.
Di, fragata Magdalena,
¿qué mal viento te dio el mar?
Todos los vientos son buenos
si Dios no da tempestad.





sábado, 9 de febrero de 2019

Valencia.

Valencia.
Tomás López Enguídanos (1773-1814).
Ataque de Valencia. Valencia derrota delante de sus
murallas al Mariscal Moncey, y le pone en vergonzosa fuga.
Vicente Lopez Portaña,datable entre 1808 y 1810.
Publicada en la obra de Martínez Colomer.
Biblioteca de Fernando Goberna Ortiz. Ayelo de Malferit.
(Valencia).


Vista interior de la defensa de la Puerta de Quarte, que dirigió el brigadier José Luciano Baciero, barón de Petrés. La defensa se articuló en torno a un destacamento de las Reales Guardias de Corps –recién fugado de Madrid– y un contingente del Cuerpo de Inválidos Hábiles, además de un nutrido grupo de vecinos armados que acudieron voluntariamente a este punto, el más amenazado de la ciudad; pero el nervio de
la defensa fue sin duda la batería de dos piezas del capitán de artillería José Ruiz de Alcalá, que el artista destaca en el centro de la imagen. Se distingue en primer plano y haciendo fuego el cañón de 24 libras que defendía el portal, manejado por el sargento 2.º de artillería Antonio Pedro. La segunda pieza de la batería –un 4 libras mandado por el cabo artillero José Pujante– estaba situada en el interior de las torres, sobre la misma puerta, y no es visible en el grabado. Tal como indica el artista, hubo una tercera pieza en el plano del portal; pero quedó de respeto de la primera, y no llegó a entrar en funcionamiento. La perspectiva de la imagen no permite apreciar las obras defensivas levantadas ante las puertas; pero da constancia de ellas, y de la vigorosa resistencia que encontraron sus atacantes, el jefe de la infantería imperial, general Musnier: «El Señor Mariscal se decidió a ordenar un ataque a viva fuerza contra dichas puertas, en tanto nuestra artillería de reserva hacía un fuego continuado sobre la ciudad con intención de intimidarla. Las tropas avanzaron con admirable compostura y un valor digno de mejor empresa; pero los obstáculos que encontraron fueron insalvables. El terreno delante de las puertas estaba cubierto de caballos de frisa,maderos enormes y cortaduras en el suelo, obstáculos todos dentro del alcance de torres artilladas, así como de barricadas
al pie de los muros que estaban guarnecidas por numerosos tiradores parapetados hasta la barbilla. Nuestros hombres[estaban] expuestos de la cabeza a los pies a un fuego de metralla y de fusilería que les venía por el frente y ambos flancos…» Citado en ARCÓN, “Valencia”, 2008, p. 260.

sábado, 26 de octubre de 2013

Valencia

Tomás López Enguídanos (1773-1814).
Ataque de Valencia. Valencia derrota delante de sus
murallas al Mariscal Moncey, y le pone en vergonzosa fuga.
Vicente Lopez Portaña,datable entre 1808 y 1810.
Publicada en la obra de Martínez Colomer.
Biblioteca de Fernando Goberna Ortiz. Ayelo de Malferit.
(Valencia).


Vista interior de la defensa de la Puerta de Quarte, que dirigió el brigadier José Luciano Baciero, barón de Petrés. La defensa se articuló en torno a un destacamento de las Reales Guardias de Corps –recién fugado de Madrid– y un contingente del Cuerpo de Inválidos Hábiles, además de un nutrido grupo de vecinos armados que acudieron voluntariamente a este punto, el más amenazado de la ciudad; pero el nervio de
la defensa fue sin duda la batería de dos piezas del capitán de artillería José Ruiz de Alcalá, que el artista destaca en el centro de la imagen. Se distingue en primer plano y haciendo fuego el cañón de 24 libras que defendía el portal, manejado por el sargento 2.º de artillería Antonio Pedro. La segunda pieza de la batería –un 4 libras mandado por el cabo artillero José Pujante– estaba situada en el interior de las torres, sobre la misma puerta, y no es visible en el grabado. Tal como indica el artista, hubo una tercera pieza en el plano del portal; pero quedó de respeto de la primera, y no llegó a entrar en funcionamiento. La perspectiva de la imagen no permite apreciar las obras defensivas levantadas ante las puertas; pero da constancia de ellas, y de la vigorosa resistencia que encontraron sus atacantes, el jefe de la infantería imperial, general Musnier: «El Señor Mariscal se decidió a ordenar un ataque a viva fuerza contra dichas puertas, en tanto nuestra artillería de reserva hacía un fuego continuado sobre la ciudad con intención de intimidarla. Las tropas avanzaron con admirable compostura y un valor digno de mejor empresa; pero los obstáculos que encontraron fueron insalvables. El terreno delante de las puertas estaba cubierto de caballos de frisa,maderos enormes y cortaduras en el suelo, obstáculos todos dentro del alcance de torres artilladas, así como de barricadas
al pie de los muros que estaban guarnecidas por numerosos tiradores parapetados hasta la barbilla. Nuestros hombres[estaban] expuestos de la cabeza a los pies a un fuego de metralla y de fusilería que les venía por el frente y ambos flancos…» Citado en ARCÓN, “Valencia”, 2008, p. 260.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Valencia (Grabado)

Tomás López Enguídanos,segun el modelo de Miguel Parra.
La ciudadela de Valencia,hacia 1810.
Valencia,Museo de la Ciudad.