Hacer clic en la imagen,para verla más grande.

Mostrando entradas con la etiqueta Submarinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Submarinos. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de diciembre de 2021

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).



Crónica Negra de España 140:

La misteriosa desaparición del submarino republicano B-5 durante la Guerra Civil.

Este sumergible se esfumó de las aguas del Mediterráneo, frente a Estepona, por razones que todavía se desconocen.

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).
Flotilla de sumergibles de la clase B construida por la Sociedad de Construcción Naval, 13-9-1928 - archivo ABC.

La del B-5 no es la típica historia de un submarino que se hundió combatiendo contra innumerables enemigos, pero, a pesar de todo, su leyenda bien podría haber servido de inspiración para un guión de la factoría Hollywood. Y es que, en octubre de 1.936 -en plena Guerra Civil-, este sumergible de la Armada republicana desapareció misteriosamente mientras patrullaba las costas de Estepona (Málaga) por causas que, a día de hoy, siguen siendo un enigma.

De esta embarcación sólo queda en la actualidad el recuerdo de los 37 marinos que, presumiblemente, fallecieron en su interior y, como no podía ser de otra forma, varias conjeturas sobre las causas de su desaparición. Así pues, las teorías más barajadas a lo largo de la historia afirman que el submarino fue destruido por un hidroavión sublevado o que, incluso, fue hundido deliberadamente por su capitán -partidario del alzamiento militar-, para evitar que fuera utilizado por la República. Sucediera lo que sucediese, lo único cierto es que han pasado ya 77 años desde que el B-5 se marchó dejando tras su popa una estela de intrigas e incógnitas.


La primera página en la historia de este sumergible se escribió hace casi cien años, época en la que España dio un paso de gigante al ordenar la creación de los primeros submarinos de la conocida como «clase B». «Estos buques fueron los primeros sumergibles de serie construidos en España. Su origen tiene lugar en la aprobación de la Ley del 17 de febrero de 1.915 (…). En dicha disposición, además de otros buques, se proyectaba la construcción de un total de 28 sumergibles (…) por un montante total de 110 millones de pesetas de la época. De este proyecto surgirían los seis submarinos clase B», afirma el experto en historia Dionisio García Flórez en su libro «Buques de la Guerra Civil española. Submarinos».

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).

En base a esta normativa, los astilleros de Cartagena iniciaron la construcción de los seis submarinos militares de «clase B», los cuales, aunque se caracterizaban por sus escasas dimensiones (apenas 64 metros de eslora por 5,6 de manga), contaban con un fuerte armamento para la época. «Disponían de cuatro tubos lanzatorpedos de 450 mm, dos a popa y dos a proa. (…) Como armamento de cubierta llevaban un cañón Vickers de 76,2 mm», completa el autor en su texto.

Hubo que esperar hasta 1.921 para que la Marina recibiera su primer submarino de «clase B», el cual fue bautizado con el nombre de B-1. Tras este, y a lo largo de 5 años, la Armada recibió 5 sumergibles más, entre los que se encontraba el B-5. A partir de entonces, este buque quedó asignado a la División de Instrucción de Submarinos de Cartagena, donde se limitó a participar en todo tipo de ejercicios y actos protocolarios. Y es que, por aquellos años, la paz reinaba -relativamente- en las aguas españolas.

Durante los siguientes años la normalidad fue el único enemigo al que tuvo que hacer frente la flota de submarinos, la cual recibió en 1.928 seis nuevos sumergibles de la «clase C». Años después, con la llegada de la República, estas naves serían dispersadas entre las principales bases navales españolas.

«Estos doce submarinos estaban repartidos en dos flotillas: la de Cartagena, con base en este puerto principal, y la de Baleares. En la primera figuraban los seis submarinos de clase C y los B-5 y B-6, al mando de un capitán de fragata. La de Baleares, basada en Mahón, disponía de los cuatro submarinos restantes de la clase B, a cargo de un capitán de corbeta», explican el almirante Gonzalo Rodríguez Martín-Granizo y el contralmirante José Ignacio González-Aller Hierro en su obra «Submarinos republicanos en la Guerra Civil española».

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).
El submarino B-5 zarpa desde el puerto de Cartagena, al fondo se distingue el muelle de la Curra.
Ministerio de Defensa.



El alzamiento, también en el mar
La situación dio un giro radical en el verano de 1.936, época en la que varios militares (entre los que se encontraba Francisco Franco) iniciaron los preparativos para llevar a cabo un levantamiento militar desde Marruecos. Su objetivo estaba claro: llegar hasta la Península y acabar con el Gobierno central ubicado en Madrid.

No obstante, los franquistas sabían que, una vez iniciada la revuelta, era de vital importancia transportar a sus tropas hasta la Península, algo que únicamente podían hacer a través de aviones y navíos. Por ello, contactaron con los principales capitanes y oficiales de la Marina española, a los que pidieron que se sublevaran o que, como mínimo, se mantuviesen neutrales en el conflicto y no atacaran con sus buques los transportes que trasladarían a las tropas franquistas desde África hasta España.

De esta forma, y bajo el clima de incertidumbre existente en la Marina, el 17 de julio de ese mismo año los planes rebeldes se llevaron a la práctica y se dio el pistoletazo de salida para la sublevación. Ahora, los capitanes y oficiales de los diferentes buques y submarinos se veían obligados a elegir un bando. Acababa de iniciarse, en definitiva, la Guerra Civil y, a partir de ese momento, la sangre de unos y otros correría a raudales dejando una mancha rojiza imborrable en la Historia española.

Apenas un día después de iniciarse el levantamiento militar, el desconcierto cundió entre las bases navales españolas. De hecho, esa misma noche la República ordenó un avance total sobre Gibraltar con la intención de impedir que los sublevados trasladaran a sus tropas hasta el sur de España. La flota de submarinos de Cartagena, en la que se encontraba el B-5, fue de las primeras en recibir la orden de partir.


La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).


«La madrugada del día 18, la flotilla de los submarinos de Cartagena recibió órdenes por su conductor reglamentario de salir urgentemente con torpedos a cruzar la costa entre el cabo de Gata y el estrecho de Gibraltar; (…) En cumplimiento de esta orden (…) salieron de la base los submarinos C-1, C-3, C-4 y C-6, a los que se unió en la mar el B-6. Mientras tanto, en Cartagena se preparaban febrilmente los restantes buques que componían la flotilla para incorporarse a ella tan pronto como estuvieran listos», determinan los marinos españoles en su escrito.

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).


«El B-5 (…) vivió (en Cartagena) la sublevación y aplastamiento de la misma sin intervenir, ya que varios de sus oficiales y tripulantes fueron destinados a otros buques operativos. El submarino, al igual que todos los demás, quedó en poder del gobierno republicano», señala el experto español en su obra.

Eran momentos de tensión para el gobierno de la República, que sabía de la afinidad de varios oficiales con el alzamiento. Por ello, desde Madrid se enviaron órdenes muy concretas a los sumergibles: debían comunicar su situación geográfica cada pocas horas. De esta forma, se pretendía evitar que algún capitán tomara la decisión de desviar sutilmente su rumbo y huir hasta la zona controlada por los sublevados.

Barreda prefería hundirse con su submarino a servir a la República Mientras, dentro de una inmensa mole de metal y sumergidos varios metros en el mar, la tensión crecía entre los tripulantes ya que, mientras que la mayoría de oficiales apoyaban a los rebeldes, la marinería tendía a ser leal a la República. «El ambiente entre las dotaciones era tenso y, después de las últimas conversaciones sostenidas en la base, la mayoría de los jefes y oficiales estaban decididos a no oponerse al paso de los transportes», completan los altos cargos de la Armada. Sin embargo,el paso de las horas dejó claro que muchos de los oficiales de los submarinos eran ideológicamente afines a la sublevación, pues, entre otras cosas, comenzaron a retrasar la ejecución de las órdenes gubernamentales. De hecho, llegaron incluso a simular averías para evitar torpedear navíos nacionales. Al parecer, esto fue demasiado para las dotaciones de los sumergibles, que decidieron obviar la cadena de mando y tomar por la fuerza las naves.

«La mayoría de los oficiales y comandantes fueron arrestados sin derramamiento de sangre en los primeros dos o tres días tras los hechos de (…) julio, aunque muchos de ellos, trasladados a los buques-prisión o a los penales, como el del castillo de La Mola, fueron posteriormente fusilados», señala, en este caso, Flórez. Con todo, y a pesar de que ya no contaban con un superior experto en el arte de la navegación, los tripulantes lograron mantener los sumergibles en poder de la República.


Por su parte, y mientras la flota principal de submarinos se debatía entre el alzamiento y la lealtad a la República en mar abierto, el B-5 se encontraba amarrado en Cartagena, pues necesitaba reparar su ya maltrecho y viejo casco. Sin embargo, el encontrarse en puerto no libró a su tripulación de mantener un duro combate contra los partidarios de la sublevación, ansiosos por tomar la base.

La República puso al mando del B-5 a un oficial partidario del alzamiento .Con todo, la revuelta fue sofocada sin mayores dificultades en esta zona y, a los pocos días, la tripulación del B-5 envió un mensaje al gobierno informando de que seguían a las órdenes de la República: «Submarino B-5 ruega hágase extensivo a periódicos y Centros del Frente popular, que toda la dotación se encuentra sin novedad, siguiendo una patriótica y leal adhesión a la República, sin que ni por un solo momento decaiga en ellos este espíritu, y encontrándose dispuestos a luchar hasta ver derribados a los enemigos de la República y de nuestra Madre España. Ánimo camaradas, en defensa de la República, que para nosotros es el triunfo. ¡Viva la República!».

La pérdida del submarino B-5 de 1937 en Estepona (Málaga).



Nuevo y extraño mando
A su vez, y ante la escasez de oficiales con experiencia afines a la ideología gubernamental, se entregó el mando del submarino al capitán de corbeta Carlos Barreda Terry, quien destacaba por ser un conocido partidario de la sublevación militar. Sin embargo, y debido a su tendencia política, el oficial quedó bajo la estricta supervisión de un comité político enviado por la República.

Curiosamente, el permitir a los oficiales partidarios del alzamiento dirigir bajo supervisión un submarino se hizo habitual debido a la imperiosa necesidad de mandos. «Muchos oficiales aceptaron el mando pensando que podía ser una buena oportunidad para escapar y pasarse al otro bando, bien ellos mismos o llevando consigo la nave; otros, en cambio, estaban dispuestos a sacrificarse hasta el final impidiendo que su buque siguiese al servicio de su enemigo», completa Flórez. Desde ese momento, y durante casi tres meses, el B-5 se dedicó principalmente a patrullar el Estrecho.

Unos meses después, en octubre, el destino acabó con los 37 desafortunados tripulantes del viejo B-5. El sumergible se encontraba entonces de patrulla por aguas malagueñas cuando, de improviso, dejó de retransmitir su posición. A partir de ese momento, jamás se volvería a conocer su paradero. Casi se podría decir que se esfumó pues, a día de hoy, la historia no ha conseguido aclarar cual fue el trágico final que se llevó al fondo del mar la nave.

La primera teoría, y la más extendida, determina que un avión pudo haber enviado al fondo del mar al B-5 después de un encontronazo fortuito sucedido el día 12 de ese mismo mes. Al parecer, durante aquella jornada la nave navegaba en superficie cuando repentinamente avistó un hidroavión Dornier perteneciente al bando sublevado. Casi de forma automática, el submarino se sumergió para evitar ser atacado, pero ya era tarde, pues el aeroplano había detectado al enemigo y, momentos después de la inmersión, lanzó varios proyectiles sobre su objetivo.

«El 12 de octubre, el submarino se hallaba en superficie, de patrulla, a la altura de Estepona, cuando fue avistado por un hidro D-4 que pilotaba el teniente de navío Ruíz de la Puente. El B-5 se sumergió inmediatamente y el hidro realizó varias pasadas sobre el lugar lanzando una carga de profundidad y varias bombas de 50 kg. Otro Dornier Wal se unió al ataque, pero ya no pudieron volver a ver al submarino, sólo una gran mancha de aceite», determina Flórez en su libro.

¿Hundido por su capitán?
Sin embargo, también existe la teoría de que Barreda, firme defensor de la sublevación, decidió hundir el submarino consigo dentro para evitar que fuera utilizado por los republicanos. Esta opción parece ser la más acertada para el almirante Gonzalo Rodríguez y el contralmirante José Ignacio González los cuales, en su obra, afirman que el B-5 no sólo no sufrió ningún daño el día 12, sino que pudo volver a Málaga tres jornadas después.

«La acción del día 12 no tuvo consecuencias, Carlos Barreda (…) una vez de regreso a la base de Málaga, puso a su mujer Josefina (…) un telegrama fechado el 15 de octubre con el texto siguiente: “Estoy bien abrazos = Carlos”. El mismo día le escribía (…) una carta en la que (…) le comunicaba textualmente: “Estamos pendientes de salir para ahí (Cartagena) otra vez. Yo creo que a los dos días o tres de días de recibir esta carta estaremos en Cartagena para reparar otra vez”», explican ambos marinos.

De esta forma, tanto Rodríguez como González afirman que Barreda pudo haber decidido suicidarse y hundirse con su barco, cosa que, incluso, ya había amenazado con hacer delante de algunos compañeros. Para ello, los marinos se basan también en la declaración jurada de uno de los oficiales que, posteriormente, trataron de poner luz sobre este misterio: «En la declaración del capitán de navío Enrique Manera (…) se especifica claramente la posibilidad de que la pérdida se debiera a la decisión del capitán (…) de hundirse con el buque».












jueves, 15 de octubre de 2020

El Submarino < Peral >.

El Submarino < Peral >.
El Submarino < Peral > en 1888.
Marina de guerra Española.
Ministerio de Cultura.
El Submarino < Peral >.
El Submarino < Peral >  en el año 2012.
Paseo Alfonso XII. (Cartagena).
El Submarino < Peral >.
Actualmente en la Sala del Arsenal de Cartagena, dependiente del Museo Naval.

El primer submarino torpedero propulsado por energía eléctrica, invento del español Isaac Peral, fue botado el 8 de septiembre de 1888.
Peral lo diseñó ya en 1885 y lo presentó ese mismo año al ministro de Marina español, Manuel de la Pezuela, que no autorizó su construcción hasta finales de 1886. Los ministros que sucedieron a De la Pezuela mostraron hacia el proyecto indiferencia, cuando no una abierta hostilidad, y sólo gracias a la intervención directa a favor de Peral de la reina regente María Cristina pudo finalizarse la construcción del submarino. Su casco era de acero, con forma de huso y tres tanques de trimado, que achicaban por medio de bombas. Su cota máxima de inmersión era de 30 metros y se controlaba por medio de dos hélices de eje horizontal, accionadas eléctricamente.
Finalmente, tras tres años de contratiempos, tuvo lugar su botadura y primera inmersión el 8 de septiembre de 1888 en aguas de San Fernando (Cádiz). A finales de ese año se realizaron distintas pruebas tanto en dique como en mar abierto para determinar su velocidad, capacidad de navegación, autonomía de inmersión y eficacia en el lanzamiento de torpedos. El Peral tuvo éxito en las pruebas nocturnas, pero fracasó en una diurna. No obstante, superó con creces las expectativas, aunque ello no fue suficiente para que la Armada española le diera su visto bueno. Pese a que no llegó a desguazarse como se había ordenado, quedó arrumbado en el Arsenal de la Carraca (Cádiz) hasta ser rescatado como pieza de museo en 1929.
El almirante Mateo García de los Reyes, primer comandante del arma submarina española, logró recuperar el casco y remolcarlo a Cartagena, instalándose en 1930 en tierra frente a la Base de Submarinos tras retocarse la obra viva.

El 1 de diciembre de 1965, a petición del Ayuntamiento de Cartagena, pasó a constituirse en monumento popular en la plaza de los Héroes de Cavite.3?4? Tras la remodelación del frente marítimo de la ciudad, en el año 2002, fue trasladado a una fuente ubicada en el Paseo Alfonso XII, junto al puerto deportivo.

El 15 de diciembre de 2012 se trasladó a una sala del arsenal militar, dependiente del Museo Naval de Cartagena, para su restauración; siendo inaugurada y abierta al público en septiembre de 2013.
Información extraída de estos enlaces: https://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Peral
                                                              



martes, 16 de julio de 2019

Tragedia del Submarino C-4 (1947).

Crónica Negra de España 86:


Aquel drama naval quedó silenciado en pleno franquismo y fue despachado con pocas líneas en las crónicas oficiales. 
Se habla que los fallecidos eran realmente de 44,pero se datan en 40 según la versión oficial,
de las cuales todos quedaron sepultados en el mar
No hay monumentos ni elegías.

El submarino C-4, como todos los de su serie, fue construido por la Sociedad Española de Construcciones Navales de Cartagena. 
Desplazaba 924 toneladas y media en superficie y 1142 en inmersión. 
Llevaba 4 tubos lanzatorpedos a proa y dos a popa, así como un cañón antiaéreo de 1 y medio.



Submarino C-4 (1929).
El C-4 amarrando en la base de submarinos de Cartagena. 
Acuarela de G. de Aledo. 
Del libro NUESTRA MARINA.

Su tripulación estaba compuesta por un capitán de corbeta, dos tenientes de navío, dos alféreces de navío, un capitán de máquinas, nueve suboficiales y cuarenta entre clase de tropa y marinería. 
El flamante submarino fue entregado a la Armada el 21 de septiembre de 1929. 
Dos meses después de su entrega a la Armada, el C-4 ya realizaba sus primeras maniobras navales, donde por primera vez en la historia naval española se utilizó la táctica de ataque "submarino contra submarino", en las que la Clase C demostró tener una gran superioridad frente a los submarinos de las clases A y B. 
En verano de 1945, en compañía de otros cinco submarinos de Clase 4, efectuó una travesía por diferentes puertos españoles, franceses, británicos e italianos en los continentes europeo y africano. 
El estallido de la Guerra Civil sorprendió a nuestro protagonista en su base de Cartagena y de allí partió, con el resto de la flotilla, a efectuar el bloqueo del Estrecho de Gibraltar. 
Su primera acción de guerra tuvo lugar en el transcurso de la noche del 26 al 27 de julio de 1936; efectuando 37 disparos de cañón y lanzando un torpedo contra dos buques que cruzaban dicho estrecho.

Submarino C-4 (1929).
Imagen del Blogger de Valeria Ardante.

El submarino C-4 fue uno de los dos sumergibles que quedaron en pie una vez finalizada la contienda civil, de los seis de la Clase C, la de mayor desplazamiento dentro del arma submarina española el 17 de julio de 1936, momento de la sublevación del ejército en el norte de África; dando así inicio a la Guerra Civil. 
El submarino C-4 -que incluso estuvo comandado por oficiales rusos y cubanos- también operó en aguas santanderinas durante la campaña del norte. 
Cabe resaltar, que este navío, fue el encargado de efectuar el primer servicio de correo submarino entre los puertos de Barcelona y Maó (Isla de Menorca) en 1938; sirviendo a la vez como transporte de personal en las zonas republicanas. 

Submarino C-4 (1929).
El C-4, amarrado junto al submarino de Isaac Peral, en la base del Arsenal Militar. 
Periódico la verdad.
Submarino C-4 (1929).
Imagen del Submarino C-4 en el Puerto de Cartagena (Murcia).

El 27 de junio de 1946, el diario Última Hora recogía en sus páginas la noticia de la que sería la tragedia más grande en el mar protagonizada por un navío de guerra español en tiempos de paz. 
La noticia del suceso causó gran consternación en la localidad de Sóller, ya que la totalidad de los marinos que sucumbieron bajo las aguas eran conocidos de la población; algunos enlazados con ella por fuertes vínculos. 
Aquel fatídico jueves, cuando se estaban llevando a cabo en aguas del litoral mallorquín unas maniobras navales en las que intervenían los destructores Alcalá Galiano, que arbolaba la insignia del Jefe, el Churruca y el Lepanto, con la flotilla de submarinos compuesta por el G-2, arbolando la insignia del Jefe, el C-4 y el General Sanjurjo, a unas trece millas de la bocana del Puerto de Sóller, se desencadenó la tragedia.

Submarino C-4 (1929).
Maniobras en el Mediterráneo. 1933. 
Revista naval. Servicio Fotográfico Aeronaval. Nº de Reg. 3179. 
Del libro HOMBRES Y BARCOS. 
LA FOTOGRAFÍA DE LA MARINA ESPAÑOLA EN EL MUSEO NAVAL.
(1850-1935).


A las 11:43 horas los submarinos avistaron el humo de los destructores y dieron comienzo las maniobras de ataque. 
El C-2 cumplió su objetivo sobre el Alcalá Galiano y se disponía a regresar, cuando fue advertido por aquél de que el Lepanto había abordado a un submarino; que tras la colisión había sufrido una avería. Inmediatamente, el destructor y el submarino C-2 se dirigieron al lugar señalado, frente a la costa noroeste de la Isla, entre el "Morro de sa Vaca" y el "Morro d´en Llobera", comprobando como instantes antes el Lepanto había abordado al submarino C-4, al emerger súbitamente a la superficie frente a la proa del destructor. 
El choque fue tan violento que el cañón del sumergible atravesó la coraza del destructor por babor; chocando a continuación contra la torreta. 
Por estribor apareció la proa del submarino elevándose sobre el agua, dando un gran vuelco y hundiéndose acto seguido con toda su dotación compuesta por 46 marinos.

Submarino C-4 (1929).
El recuento final arrojó la cifra de 44 víctimas.

En el lugar donde se produjo la catástrofe existen más de 300 metros de profundidad, por lo que desde un primer momento se tuvo la conciencia que era prácticamente imposible recuperar a la tripulación con vida. 
A pesar de ello tanto el Alcalá Galiano como el Churruca y el C-2, se dirigieron inmediatamente al lugar del siniestro que exploraron a conciencia. 
A las tres y media de la tarde, sobre la gran mancha de combustible derramado por el destructor Lepanto -que indicaba el lugar exacto de la colisión- comenzaron a vislumbrarse los primeros restos del naufragio, entre ellos, una silla destrozada, trozos de madera de caoba del revestimiento interior de las cámaras, pertenecientes al submarino desaparecido. 
Las causas del siniestro fueron atribuídas a la súbita aparición del sumergible bajo el destructor, lo que impidió cualquier maniobra que hubiera podido realizarse para evitar la colisión. 
Las profundidades donde quedó atrapado el C-4 -más de 300 metros bajo la superficie del mar- hicieron imposible las labores de rescate de los tripulantes, vivos o muertos.


Hasta 1987, cada día 27 de junio (fecha del aniversario del trágico accidente) una embarcación de la Marina Española partía del Port de Sóller (Puerto de Sóller), con destino al punto exacto del naufragio; se rezaba un responso y se lanzaban flores al agua como homenaje a los desaparecidos. 


El submarino C-4 desapareció de la superficie del mar en pocos segundos, pues el fuerte impacto que recibió fue suficiente para partirlo en dos; llevándose   consigo a toda la tripulación.
Desde aquí nuestro más sincero homenaje a todos los que formaban parte de la tripulación, sus familiares y sus amigos y conocidos. Sin duda, desde el fondo del Mare Nostrum, circundando las costas mallorquinas, los miembros de la tripulación del Submarino C-4, siguen de "patrulla eterna".

Submarino C-4 (1929).
Destructor Lepanto.
Submarino C-4 (1929).
Destructor Lepanto.